Análisis del impacto social de la pornografía en la actualidad

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“Según una reciente encuesta  más del 50 por ciento de los usuarios de porno online admitieron haber perdido el interés sexual por sus parejas.

Según el colectivo de abogados matrimonialistas en el 56% de las demandas de divorcio recientes se alegó como motivo de la ruptura la obsesión de uno de los miembros de la pareja por el uso de pornografía y contenidos similares en Internet”.

“La edad promedio de la primera exposición al porno hoy día es de 11, y bajando. Más del 90 por ciento de los niños y el 60 por ciento de las niñas han visto pornografía en línea. No es de extrañar, que, según Bravehearts, organización para la prevención del abuso sexual en niños, alrededor de un tercio de todo el abuso sexual  este siendo en la actualidad perpetrado por menores de edad”.

SEXISMO Y RUPTURAS

Alguien ha entrado como un elefante en  una cacharrería en la cuestión de violencia machista. Aunque tal vez sería mejor describirlo como una vaca sagrada. Estoy hablando de la pornografía.

¿Sabía que casi el 90 por ciento de la corriente principal del porno es violento principalmente contra las mujeres y niñas?

Un análisis de la pornografía más vendida, vista y descargada mostró que el 88 por ciento de las escenas contienen agresión física (principalmente nalgadas, náuseas forzadas mediante la asfixia con el pene o manos, bofetadas, etc) y el 49 por ciento de las escenas contienen agresión verbal contra las mujeres.

La campaña Man Up, cuyo objetivo es reducir la violencia contra las mujeres centrándose en las actitudes masculinas, recalcó que el porno debe ser reconocido como un factor que está contribuyendo a esa violencia.

Algunos como Dawn Hawkins, director ejecutivo del Centro Nacional contra la Explotación Sexual en los EE.UU., han resaltado la relación directa: “Es un hecho indiscutible que ha aumentado la violencia sexual en los campus universitarios, en nuestras fuerzas armadas, en las familias y en la calle… diríamos que la pornografía está ampliamente conduciendo a ello”.

La australiana del año, Rosie Batty, víctima de abusos por su propio padre y activista contra la violencia machista, ha denunciado en numerosas ocasiones la misma conexión.

Por supuesto, no estamos diciendo que todos los usuarios de porno sean culpables directos de perpetuar la violencia, ¿pero no están acaso los usuarios de porno apoyando un mecanismo que la produce? Y ¿qué mensaje se está dando a los niños? Como psiquiatra de Gold Coast, Michelle Fryer, especialista en la infancia y la adolescencia dijo: “En líneas generales el porno representa a los hombres de manera agresiva y dominante, y a las mujeres de una forma sumisa, y ese no es el estado mental con el que queremos que nuestros niños crezcan”

Más del 70 por ciento de los hombres accede regularmente a la pornografía. Según pornhub.com, el 82 por ciento de los visitantes del sitio porno son hombres. Sí, algunas mujeres usan porno pero sigue siendo predominantemente una cosa de hombres.

La pornografía nunca ha sido tan accesible y estado tan generalizada como en la era digital.

La edad promedio de la primera exposición al porno hoy día es de 11, y bajando. Más del 90 por ciento de los niños y el 60 por ciento de las niñas han visto pornografía en línea. No es de extrañar, que, según Bravehearts, organización para la prevención del abuso sexual en niños, alrededor de un tercio de todo el abuso sexual  este siendo en la actualidad perpetrado por menores de edad.

El porno distorsiona las opiniones de los jóvenes sobre su cuerpo, la sexualidad, las relaciones y su valor como personas. Puede provocar un daño permanente.

Independientemente de que el la homosexualidad sea una opción de vida totalmente válida y en muchos innata, se están dando numerosos casos de chicas adolescentes  que acceden a tener relaciones lésbicas bajo la coerción de sus parejas chicos, con el simple objetivo de cumplir las fantasías heteropatriarcales de ellos.

¿Cómo afectará esto en el futuro? Aquí tenemos un avance de lo que ya está ocurriendo, más del 50 por ciento de los usuarios de porno admitieron en una reciente encuesta haber perdido el interés sexual por sus parejas, y según el colectivo de abogados matrimonialistas en el 56% de las demandas de divorcio se alegó como motivo de la ruptura la obsesión de uno de los miembros de la pareja por la pornografía.

¿Y qué hay de las actrices porno?

Una vez que entran en la industria, al igual que ocurre con las mujeres prostituidas, tienen altas tasas de abuso de sustancias, por lo general de alcohol y cocaína, altas tasas de depresión, trastornos límite de personalidad, tienen un riesgo mucho mayor de contraer enfermedades de transmisión sexual (incluido el VIH), así como de sufrir violencia machista. No es tan divertido inofensivo como nos han hecho creer. Sin embargo, nosotros como sociedad somos muy reacios a llamarlo por lo que verdaderamente es:  violencia machista.

Observemos la película Cincuenta Sombras de Grey, que recientemente batió records de taquilla, y que no es más de una prueba de tantas de que el cine es una de las máquinas de propaganda más potentes de la violencia sexual contra mujeres y niñas.¿Cómo puede la sociedad apoyar plenamente algo tan claramente en desacuerdo con los valores comunes de respeto y dignidad humana?

La prostitución encaja en el mismo saco también. Como individuos y como sociedad muchos hemos sucumbido al espíritu de la hipocresía – creer una cosa y hacer o aceptar la contraria.

Afortunadamente hay señales de cambio. Debido al incremento de las agresiones sexuales llevadas a cabo por parte de los estudiantes varones, el mayor campus de la Universidad  de Melbourne, Ormond College, recientemente prohibió el acceso a la pornografía. Al igual que ha hecho la gigante cadena de hoteles Hilton quien eliminó los vídeos porno de su oferta televisiva, según anunció recientemente el Centro Nacional de Explotación Sexual: “Queremos dar las gracias públicamente a Hilton por esta decisión de dar un paso al frente contra la explotación sexual. La Pornografía no solo contribuye a disparar la demanda de tráfico sexual de mujeres, que es una seria preocupación que ocurre entre las paredes de los propios hoteles, sino que también contribuye a la explotación sexual de niños, violencia sexual y adicciones de por vida”, dijo Dawn Hawkins,  director ejecutivo del grupo en un comunicado del 17 de Agosto.

Aún queda mucho por hacer.

A nivel de sociedad  necesitamos más héroes masculinos como Ran GavrieliJackson Katz o Russell Brand dispuestos a hablar: “Yo sé que la pornografía está mal … si tuviera el dominio total sobre mí nunca la utilizaría de nuevo … está afectando mi habilidad para relacionarme con las mujeres …”

Necesitamos más activistas  como Gail Dines o Diana Russell, y más mujeres y hombres  que se atrevan a  denunciar y hablar sobre cómo se sienten acerca de la pornografía en la pareja y del impacto que tiene sobre su relación.

Las personas con adicciones deberían saber dónde encontrar ayuda. Los proveedores de servicios de Internet deberían seguir el ejemplo de Gran Bretaña en hacer del porno un “opt in”, es decir que sólo un adulto mayor de 18 años  pueda activar el acceso a la pornografía desde el router que viene bloqueado de fábrica, en lugar de darlo “por defecto”, permitiendo que niños accedan a contenidos inapropiados y traumatizantes para su edad.

Los gobiernos deben apoyar las iniciativas que reducen el acceso al porno en general, especialmente de los niños. Los programas y los medios deberían alentar y enseñar a los jóvenes lo que es el respeto por las mujeres y todas las personas. Esto tiene que empezar en casa y los progenitores  son un ingrediente clave.

Estos cambios no ocurrirán de la noche  a la mañana, y no va a suceder mientras que nosotros como sociedad veamos el porno como divertido e inofensivo. Sus consecuencias destructivas seguirán creciendo. La responsabilidad recae sobre todos nosotros y sobre todo sobre los hombres.

Fuente: Culture Reframed

Traducción de Ana Aguilar para Stop a la Cultura del Porno, un blog de Plataforma Anti Patriarcado

El ataque de la industria del sexo contra las feministas


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Los pornógrafos llevan mucho tiempo defendiendo como “libre expresión” los productos y prácticas de su extremadamente lucrativa industria, incluso cuando estos sexualizan el poder y la violencia de los hombres contra las mujeres. De modo parecido, quienes defienden la prostitución, a la que estratégicamente llaman “trabajo sexual”, plantean el movimiento a favor su legalización y normalización como liberador.
Pero estos grupos solo apoyan la libre expresión y las libertades en la medida en que sirven a sus intereses. Aquellos que se manifiestan contra la industria del sexo están excluidos de su versión de “libertad”.Tuvimos pruebas de ello en marzo, cuando varios lobbies de la prostitución amenazaron con boicotear una conferencia en Vancouver, Columbia Británica, que iba a contar con la presencia de Chris Hedges, destacado periodista y columnista de Truthdig, como ponente principal. Estos grupos de presión intentaron impedir su participación por haber escrito un artículo en el que definía la prostitución como “la quintaesencia del capitalismo global”, y lo habrían conseguido si no hubiera sido por la respuesta apasionada de grupos locales de mujeres.Las campañas de desprestigio contra las feministas y sus aliados que se atreven a decir la verdad sobre el poder y la violencia de los hombres no son algo nuevo. En los años noventa los pornógrafos lanzaron una campaña contra la profesora Catharine MacKinnon y la feminista Andrea Dworkin comparándolas con los nazis y acusándolas de suprimir la libre expresión cuando, en realidad, la ordenanza anti-pornografía que ellas habían redactado en Minneapolis en 1983 – definiendo la pornografía como una violación de los derechos civiles de las mujeres– no fue un intento de censurar la libre expresión sino de abordar el daño causado a las mujeres por la industria de la pornografía.Para atraer a los progresistas bienintencionados, se inventó un movimiento por los “derechos de las trabajadoras sexuales” en oposición a aquellas feministas que creían que la prostitución era la extensión y la perpetuación del poder y la violencia del hombre. El lobby de la prostitución adoptó el lenguaje del movimiento obrero para defender los derechos de los hombres a abrir burdeles y a comprar servicios sexuales de las mujeres, y también el lenguaje del movimiento feminista para plantear la prostitución como una elección de la mujer.Estos grupos de presión tienen a los medios de comunicación de su parte, así como a los proxenetas y los puteros. De acuerdo a sus intereses capitalistas, los medios oficiales presentan la pornografía y la prostitución como iniciativas empresariales y, en consonancia con sus bases patriarcales, aceptan como norma la idea de los cuerpos de las mujeres como objetos consumibles.

En los últimos años la industria del sexo ha colaborado con los medios para descontextualizar completamente el sistema de la prostitución. Este enfoque neoliberal es parte de un esfuerzo constante para desarmar a los movimientos que desafían los sistemas de poder: si somos simplemente individuos que miran por su propio empoderamiento (empowerment) personal y, por lo tanto, los únicos responsables de nuestros propios “éxitos” y “fracasos”, entonces no hay necesidad de organizarse colectivamente. Y esto es precisamente lo que quería decir Margaret Thatcher al afirmar que no existe la sociedad, solo individuos que ante todo deben ocuparse de sí mismos.

Al plantear un sistema que canaliza a las mujeres –particularmente a las mujeres marginadas– hacia la prostitución no solo como una elección de las propias mujeres sino como potencialmente liberador, estos grupos consiguen ocultar el modo en que la pornografía sostiene el poder de los hombres, descargando la responsabilidad de la subordinación de las mujeres en las propias mujeres. Al señalar la presión social para la auto-objetivación como empoderamiento, se permite a la sociedad ignorar las razones por las que las mujeres buscan empoderarse a través de la sexualización y la mirada masculina. Al centrarnos en la capacidad de acción consciente (agency) de las mujeres, pasamos por alto el comportamiento de los hombres.

Lo que verdaderamente están defendiendo los grupos que piden hacer presión a favor de los “derechos de las trabajadoras sexuales” no son, desde luego, los derechos humanos de las mujeres sino los intereses económicos y sexuales de los hombres. Y por eso en el discurso se evita deliberadamente abordar el daño que causan estos hombres.

La campaña para presentar la presión a favor de la prostitución como un esfuerzo de base para ayudar a las mujeres marginadas ha sido todo un éxito. Al ignorar la dinámica de poder inherente a la compra por parte de un hombre de los servicios sexuales de una mujer, y llevar el debate hacia la elección de las mujeres, quienes podrían considerarse a sí mismas feministas se ven en una encrucijada: “¿Debo defender el derecho de las mujeres a elegir?” La respuesta obvia es sí. Pero esa pregunta es engañosa. La verdadera pregunta es: “¿Apoyo el derecho de las mujeres pobres y marginadas a tener una vida mejor que la que les ofrecen los hombres explotadores?”

Si bien el lenguaje manipulador diseñado para atraer a las masas liberales es una parte fundamental de la iniciativa para despenalizar a los proxenetas y a los puteros, otro componente clave es la fácil derrota de las feministas que desafían ese discurso.

Los defensores de esa industria no se detendrán ante nada para silenciar las voces de quienes se pronuncien en contra de sus intereses. Tachadas de mojigatas, conservadoras religiosas, opresoras y fanáticas, la guerra contra estas feministas culminó recientemente en el intento generalizado de impedir que quienes disienten de su proyecto tengan acceso a plataformas desde las que expresar sus puntos de vista.

Cuando hace un año la periodista sueca Kajsa Ekis Ekman iba a presentar en Londres su libro “Being and Being Bought: Prostitution, Surrogacy and the Split Self” [“El ser y la mercancía: prostitución, vientres de alquiler y disociación”], la librería que organizaba el acto fue amenazada con boicots.

El clima actual en el feminismo anglosajón es el que apoya la caza de brujas, me dijo Ekman. Esa caza de brujas comienza con “campañas difamatorias, parece que viene ‘de abajo’, y sobre las feministas famosas dice que están obnubiladas por el poder tildándolas de elitistas, ‘cis-sexistas’, racistas y ‘putafóbicas'”, explicó. “Luego lleva adelante auténticas campañas de silenciamiento, amenazas de boicot, demandas, y aislamiento de cualquiera que se ponga del lado de las feministas y, por asociación, del lado de la culpa”.

En el año 2003, Melissa Farley, una psicóloga clínica y fundadora de la organización sin ánimo de lucro Prostitution Research and Education, dirigió una investigación en Nueva Zelanda sobre la violencia y los trastornos de estrés postraumático en personas prostituidas, y después tuvo que declarar ante el Parlamento de aquel país por las entrevistas que había realizado. Un defensor de la prostitución neozelandés que estaba en desacuerdo con su investigación presentó una queja contra ella ante la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés). La queja fue ignorada por la APA y no fue tenida en cuenta por sus colegas, pero ellobby de la prostitución la presenta como legítima y la utiliza como excusa para presionar a otros para que descarten su exhaustiva e iluminadora investigación.

Julie Bindel, periodista feminista que lleva años informando sobre el comercio sexual mundial, ha revelado que el Sindicato Internacional de Trabajadoras del Sexo en Gran Bretaña era poco más que un portavoz de los proxenetas y los dueños de burdeles. También ha estado informando sobre los importantes fallos de la legalización de la prostitución en Amsterdam. En marzo, después de las quejas emitidas por los grupos de presión a favor de la prostitución, su nombre fue retirado de un panel de discusión de una película estadounidense sobre prostitución.

Las supervivientes de la prostitución también se ven enfrentadas a una campaña de silenciamiento. Bridget Perrier, educadora indígena y co-fundadora de la organización Sextrade101 de supervivientes del comercio sexual y abolicionistas con sede en Toronto, explicó que los esfuerzos del lobby a favor de la prostitución se centran en invalidar las experiencias de las mujeres que han abandonado el negocio, a menudo poniendo en duda sus historias.

Rachel Moran sobrevivió siete años a la explotación sexual en Irlanda y ha publicado un libro sobre sus experiencias, en el que aborda muchos de los mitos y las mentiras que ha perpetuado el lobby del trabajo sexual. Por su delito –contar la verdad– ha sido objeto de acoso continuo y acusada en más de una ocasión de inventarse su historia.

“He sido difamada, calumniada, amenazada, atacada físicamente y gritada”, me dijo Moran. “Mi dirección postal, los detalles de mi cuenta bancaria y mi dirección de correo electrónico personal han estando circulando entre las personas aparentemente más desequilibradas, las cuales me han tuiteado partes de mi dirección postal con ese estilo claramente amenazante del tipo ‘sabemos donde encontrarte'”.

Y añadió: “Sistemáticamente se alega que yo nunca estuve en la prostitución, aunque los registros que prueban que lo estuve están en manos de los servicios sociales irlandeses y del Juzgado de Distrito de Dublín de Menores”.

Negar verdades que podrían perjudicar el intento de presentar una versión expurgada de la industria del sexo, que vende la prostitución como “simplemente un trabajo como cualquier otro”, es un elemento clave de la campaña a favor de su legalización.

Moran me contó que le había impactado muchísimo la falta de compasión que mostraron hacia ella los defensores del negocio del sexo que aseguran tener un interés particular en la seguridad de las mujeres. “Sencillamente les importa un bledo estar llevando a cabo una campaña deliberada y organizada de intimidación contra una mujer que fue sistemáticamente abusada sexualmente por hombres adultos desde los quince años”, manifestó. “Mis verdades no les gustan, por eso hay que silenciarlas”.

Desesperados, sin ser capaces y sin estar dispuestos a responder a los argumentos feministas y socialistas básicos contra el negocio del sexo –a saber, que se ha levantado sobre la base del poder del hombre y del capitalismo, perpetuando ideas misóginas sobre las “necesidades” del hombre y los cuerpos de las mujeres como los objetos para satisfacer esos deseos socializados– sus lobbies recurren a las mentiras y a la calumnia.

Estos grupos intentan hacer pasar las campañas difamatorias por “crítica”, pero son cualquier cosa meno eso, señaló Ekman, la periodista sueca. “Lo que está ocurriendo no tiene nada que ver con la crítica. Recuerda más bien a una revolución cultural maoísta a gran escala”.

“Si eres una destacada feminista, no te escaparás”, continuó. “Si todavía no te han atacado lo harán, o no eres lo suficientemente peligrosa”.

Llevo años escribiendo sobre la industria del sexo y la legislación de la prostitución en Canadá. Los ataques contra mi persona y mi trabajo han sido implacables. En las últimas semanas varios grupos de presión canadienses a favor de este negocio organizaron una importante campaña difamatoria en línea, tachando los argumentos contra la objetivación, explotación y abuso de las mujeres de “fanatismo”, distorsionando intencionalmente mi trabajo y mis opiniones hasta volverlos irreconocibles.

Las acusaciones absurdas e infundadas lanzadas contra mí –”transfóbica”, “putafóbica”, racista y demás–reproducen las utilizadas contra todas las mujeres que desafían el statu quo en este sentido. La intención no es hacer justicia, sino calumniar a las feministas para que sus argumentos puedan ignorarse y descartarse, y también acosar a otros hasta que hagan lo mismo. La única cosa que nunca mencionan es la verdad.

La mujeres que se prostituyen tienen 18 veces más probabilidades de ser asesinadas que la población en general, y los hombres responsables tienen muchas menos probabilidades de ser condenados cuando se trata de una prostituta. En Canadá las mujeres indígenas están sobrerrepresentadas en la prostitución y, en general, sufrenmayores niveles de violencia que las mujeres no-indígenas. La legalización ha demostrado no ser una solución para la explotación, la violencia y el abuso.

Estos individuos y grupos cooptan las luchas de las personas marginadas para defender una industria multimillonaria que cada año se cobra la vida y la humanidad de miles de mujeres y niñas en todo el mundo. Para impedir que quienes manifiestan su desacuerdo amenacen sus intereses con palabras y argumentos, recurren a tácticas poco limpias para silenciar a escritoras y periodistas feministas independientes. Identifican nuestras palabras como “violencia” pero no hacen nada para luchar contra los responsables de la violencia real. Estos grupos nunca han participado en ninguna campaña pública contra un maltratador, nunca han presentado una demanda solicitando el despido de un putero violento, nunca han llamado “fanáticos” a quienes fuerzan a las niñas a prostituirse en burdeles o en las calles. Sus objetivos no son el capitalismo corporativo o los traficantes de sexo, tampoco los reyes del porno o los dueños de los burdeles maltratadores. No. Sus objetivos son las feministas.

En su ensayo “Liberalism and the Death of Feminism” [“Liberalismo y la muerte del feminismo”], MacKinnon escribió que “una vez hubo un movimiento feminista”: un movimiento que entendió que criticar prácticas tales como la violación, el incesto, la prostitución y el abuso no era lo mismo que criticar a las víctimas de esas prácticas. “Era un movimiento que sabía [que] cuando las condiciones materiales descartan el 99% de tus opciones, no tiene sentido llamar al 1% restante –lo que haces– tu elección”. Escribió estas palabras hace 25 años y aún seguimos librando las mismas batallas. Pronunciarse hoy contra los sistemas patriarcales significa que tu medio de vida se verá amenazado, así como tu credibilidad y tu libertad para hablar.

No puedes pretender ser progresista y manifestarte en contra de la democracia. No puedes pretender ser feminista y apoyar el silenciamiento de las mujeres. Este nuevo macartismo no nos liberará. Nos deja en manos de quienes quieren nuestra desaparición.

NEW WOMEN LIBERATION.   LA NUEVA LIBERACIÓN FEMENINA.

Meghan Murphy es una escritora y periodista de Vancouver, Columbia Británica. Su página web es Feminist Current.
Truthdig.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sara Plaza.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/page3/the_sex_industrys_attack_on_feminists_20150529

Russell Brand habla sobre sexo, porno y la cultura hipersexualizada


“Hombres, mujeres y niños”, una película sobre el impacto de la pornografía en la infancia y las relaciones.


Se trata de una historia que investiga el efecto de Internet y el porno sobre un grupo de estudiantes de secundaria y también sobre sus padres. Muestra cómo Internet y las nuevas tecnologías han cambiado drásticamente la forma de relacionarse de la gente. Pornografía, blogs y redes sociales serán al mismo tiempo válvula de escape y causa de conflicto dentro de las relaciones y la familia. También toca la problemática de como el porno está causando en los hombres impotencia y problemas de erección a la hora de tener relaciones sexuales reales, incluso en chicos muy jóvenes.

Cada vez más hombres prefieren masturbarse frente a una pantalla a tener relaciones con sus parejas


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Según diversos estudios realizados en las consultas de psicólogos/as alrededor de todo el mundo, no deja de aumentar el número de hombres que relegan sus relaciones por fantasías sexistas, que prefieren una pantalla llena de trozos operados y retocados de mujeres, a compartir momentos de placer, conexión e intimidad con la persona real a la que dicen amar.

La mayoría lo oculta, y encima, cuando son descubiertos, las culpan a ellas, por no entender que se metan en una relación cuando en realidad prefieren masturbarse compulsivamente con barbies de silicona, que no dejan de ser víctimas de nuestra cultura machista, esculpidas a medida a golpe de bisturí según los dictados del patriarcado.

Y ya ni siquiera necesitan ver porno, basta con poner el telediario o cualquier programa de sobremesa, porque ese se ha convertido en el único tipo de mujer permitido en los medios. Sólo mujeres aptas para salir en revistas de hombres que cosifican mujeres. Y voilá, casi todas entran por el aro, basta con teclear sus nombres en google para encontrar sus fotos porno-chic esparcidas por toda la red.

Cada vez es mayor el número de hombres, incluso muy jóvenes, que han llegado al punto de ser incapaces de mantener o tener erecciones sin recurrir a esos contenidos, ya sea a través de una pantalla o reponiéndolos en sus propias cabezas. Pueden estar con una pareja sexual, e incluso en esa situación, son incapaces de estar ahí, de disfrutar del momento y la persona que tienen delante, su cabeza está en otro lado.

Muchas de las parejas de esos hombres, a parte de perder totalmente la autoestima y el amor propio que les quedaba, llegan a entrar en un quirófano para parecerse a eso con lo que su novio fantasea, pensando que así pararán. Pero no, porque el problema no está en los cuerpos de ellas, sino en las cabezas de ellos.

Este es un tema tabú, algo de lo que nadie habla, y mucho menos las mujeres, porque es que además no se les permite, se las acalla con toda suerte de micromachismos. Esta es la triste realidad que sufren millones de mujeres que tienen la mala suerte de compartir su vida con machistas insensibles adictos a contenidos sexistas, obsesionados con las mujeres-objeto de plástico y silicona que nos vende el patriarcado. Que desgraciadamente, son la mayoría. Y cada vez son más los hombres que ejercen así su masculinidad, es uno más de sus privilegios patriarcales, y pobre de la que diga algo en contra, porque el chantaje emocional y la culpabilización no tendrá límite. La mayoría de mujeres en relaciones heterosexuales están obligadas a tragar con todo esto sin rechistar.

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Es de tal calado el problema, que en algunos países como Japón o el Reino Unido, aunque no son los únicos, han saltado las alarmas debido a la insatisfacción sexual creciente, los problemas sexuales y psicológicos derivados como la impotencia en ellos, y la falta de autoestima en ellas, se ha disparado al tiempo que disminuye la frecuencia de relaciones sexuales en pareja, afectando incluso a la natalidad, todo debido a esos estereotipos imposibles impuestos. Y la realidad no es que en el resto de países nos libremos, lo mismo está ocurriendo en casi todos lados, lo que no todos los países hacen estudios, porque no interesa.

El sexismo se ha convertido en un mercado al por mayor de insatisfacción e infelicidad sin límites muy lucrativo para unos pocos. Una fábrica de onanistas, de yonkies del sexo enlatado y la misoginia.

Y lo peor es que aún no hemos visto lo peor, lo que ocurrirá con las nuevas generaciones que están mamando esta deshumanización, esta falta total de valores y respeto hacia las mujeres desde la cuna, esos que ya ven a las mujeres como objetos y ven porno duro desde antes incluso de los 8 años.

Aún así, vivimos en esta sociedad que nos ha tocado de la que no podemos escapar, pero no podemos más que preguntarnos ¿por qué complicar las cosas con lo simple que podría ser todo? Si te gusta todo ese sexismo y esa forma de vivir el sexo, sencillamente busca una pareja que comparta tus gustos, lo tienes fácil, sois la mayoría. Y si no, quédate con tu pantalla del ordenador y tu caja de clinex, en lugar de juntarte con alguien que no quiere tener nada que ver ni con la pornografía, ni con el sexismo ni con una forma de vivir la sexualidad machista y compulsiva, para luego hacer todo lo anterior y ocultárselo, porque estás atentando contra la libertad de elección y la salud mental de la otra persona.

Si viviéramos con honestidad independientemente de cuales sean nuestros valores, ideales o gustos sexuales no habría ni que discutir o hablar de estos asuntos, pero no es así, la mayoría calla, oculta y si sale a la luz, miente, niega, ataca y manipula.

Desde aquí defendemos la libertad sexual total, pero hacer lo de arriba es coartar la libertad sexual de quienes no quieren vivir según los mandatos de la sexualidad patriarcal y capitalista imperante.  Insistimos en que no se les pide que dejen de hacer lo que hacen, sino que respeten que haya gente que no quiera vivir con eso en sus vidas ni con las personas que ejercen así su sexualidad, que las dejen en paz.

Con estas letras no se pretende coartar la libertad ni la sexualidad de nadie, así que se pueden ahorrar los insultos machistas de quienes defienden sus privilegios de cosificar sexualmente a otros seres humanos (casi siempre seres humanas) cuando siente peligrar dichos privilegios, tipo “puritana/o”, “anti sexo”, etc.

Ellos, que presumen de libres y liberales son los que no respetan que haya personas no católicas ni religiosas que no quieran en sus vidas ni pornografía ni sexismo, no respetan ni entienden que haya gente a la que le encanta el sexo pero no cosificando al otro, no pasando por encima de la dignidad y los deseos del otro, que es lo que hacen la mayor parte de los medios y la pornografía. Insultan y llaman puritanos a quienes quieren sexo de calidad, sexo con intimidad, sexo con complicidad, con conexión, con emociones, con igualdad, sin toda esa basura sexista, a quienes quieren usar su propia creatividad e imaginación, sin estereotipos ni adoctrinamiento, que lo que desean es más educación sexual y menos cosificación e hipersexualización  mediática, a quienes quieren construir su propia película en su intimidad, su propia sexualidad al margen del machismo, del patriarcado, del sexismo mediático y de la pornografía.

A ver si les queda claro de una vez que que odies la comida basura, no significa que no te encante comer, que odies el porno y el sexismo no significa que no te guste disfrutar al máximo del sexo.

Con respecto a esto, Gloria Steinem da en el clavo con esta reflexión: “Hacer a las mujeres parecer anti-sexo o aburridas si queremos el derecho de ser sexuales sin ser humilladas ni heridas, y hacer parecer a los hombres débiles o impotentes si prefieren la cooperación a la dominación, es claramente una táctica de aislamiento contra cualquiera que intente separar la sexualidad de la violencia y la dominación- que es un reto a la dominación masculina en toda regla.”

En resumen, que cada cual haga y viva como le de la gana mientras no atente contra la dignidad, la libertad y los derechos de nadie, que respeten y dejen en paz a quienes quieren vivir el sexo y sus relaciones de pareja de otras maneras no sexistas ni patriarcales. Y eso sólo se logra siendo sinceros desde el comienzo de las relaciones. ¿Empezamos?

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Artículo relacionado de Psychology Today:

“Expertos apuntan a los estereotipos imposibles de belleza como causa del incremento de casos de impotencia, disminución de la libido, insatisfacción sexual y problemas de pareja”

“La adicción a contenidos pornográficos y sexistas entre las principales causas de divorcios y rupturas de pareja según psicólogos y abogados matrimonialistas”

Reino Unido pierde la libido, según revela encuesta sobre sexo


En el Reino Unido está ocurriendo ya lo que lleva años sucediendo en Japón que los expertos relacionan con una sociedad hipersexualizada y estereotipada y con el bombardeo continuo que sufrimos desde la infancia tanto a través del porno como del resto de medios de ideales imposibles físicos, ya sean animados o esculpidos a base se bisturí, así como ideales performativos en el sexo; resistencia sexual, erección continua, expectativas de que la vida real sea como la mentira fingida de la pornografía, de que sus parejas mujeres en la vida real se dejen humillar, someter sexualmente a todos sus antojos como ocurre en el porno…

Muchos expertos llevan años advirtiendo de que la pornografía está causando impotencia en muchos hombres, y como decimos no solo el porno sino ideal único e imposible de belleza (especialmente el de mujer) que fomentan absolutamente todos los medios desde el telediario al cine, que hace que los críos aprendan a excitarse solo con un modelo imposible de mujer esculpido a base de Photoshop y cirugía estética y que las crías odien sus cuerpos y se sientan inseguras, y por tanto disfruten menos del sexo. Ya hay numerosos estudios que demuestran que muchos hombres prefieren masturbarse con porno y recurrir a mujeres prostituidas que encajen en estos ideales físicos y de sometimiento sexual a la vida real, las relaciones igualitarias, que requieran un mínimo esfuerzo y un feedback sexual. En resumen, que las mujeres reales (no operadas o que no encajan en el cánon único de belleza 90-60-90), que demanden respeto y satisfacción sexual mutua ya no logran excitarles.

Encuesta sobre conductas sexuales en el Reino Unido muestra una bajada de la libido y del número de relaciones sexuales, así como un incremento de la insatisfacción sexual:

British sex survey 2014:

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2014/sep/28/british-sex-survey-2014-nation-lost-sexual-swagger

Not tonight, darling: why is Britain having less sex?

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2014/sep/28/-sp-not-tonight-darling-why-britain-having-less-sex