El ataque de la industria del sexo contra las feministas


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NEW WOMEN LIBERATION.   LA NUEVA LIBERACIÓN FEMENINA.

Truthdig.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sara Plaza.
Los pornógrafos llevan mucho tiempo defendiendo como “libre expresión” los productos y prácticas de su extremadamente lucrativa industria, incluso cuando estos sexualizan el poder y la violencia de los hombres contra las mujeres. De modo parecido, quienes defienden la prostitución, a la que estratégicamente llaman “trabajo sexual”, plantean el movimiento a favor su legalización y normalización como liberador.
Pero estos grupos solo apoyan la libre expresión y las libertades en la medida en que sirven a sus intereses. Aquellos que se manifiestan contra la industria del sexo están excluidos de su versión de “libertad”.Tuvimos pruebas de ello en marzo, cuando varios lobbies de la prostitución amenazaron con boicotear una conferencia en Vancouver, Columbia Británica, que iba a contar con la presencia de Chris Hedges, destacado periodista y columnista de Truthdig, como ponente principal. Estos grupos de presión intentaron impedir su participación por haber escrito un artículo en el que definía la prostitución como “la quintaesencia del capitalismo global”, y lo habrían conseguido si no hubiera sido por la respuesta apasionada de grupos locales de mujeres.Las campañas de desprestigio contra las feministas y sus aliados que se atreven a decir la verdad sobre el poder y la violencia de los hombres no son algo nuevo. En los años noventa los pornógrafos lanzaron una campaña contra la profesora Catharine MacKinnon y la feminista Andrea Dworkin comparándolas con los nazis y acusándolas de suprimir la libre expresión cuando, en realidad, la ordenanza anti-pornografía que ellas habían redactado en Minneapolis en 1983 – definiendo la pornografía como una violación de los derechos civiles de las mujeres– no fue un intento de censurar la libre expresión sino de abordar el daño causado a las mujeres por la industria de la pornografía.Para atraer a los progresistas bienintencionados, se inventó un movimiento por los “derechos de las trabajadoras sexuales” en oposición a aquellas feministas que creían que la prostitución era la extensión y la perpetuación del poder y la violencia del hombre. El lobby de la prostitución adoptó el lenguaje del movimiento obrero para defender los derechos de los hombres a abrir burdeles y a comprar servicios sexuales de las mujeres, y también el lenguaje del movimiento feminista para plantear la prostitución como una elección de la mujer.

Estos grupos de presión tienen a los medios de comunicación de su parte, así como a los proxenetas y los puteros. De acuerdo a sus intereses capitalistas, los medios oficiales presentan la pornografía y la prostitución como iniciativas empresariales y, en consonancia con sus bases patriarcales, aceptan como norma la idea de los cuerpos de las mujeres como objetos consumibles.

En los últimos años la industria del sexo ha colaborado con los medios para descontextualizar completamente el sistema de la prostitución. Este enfoque neoliberal es parte de un esfuerzo constante para desarmar a los movimientos que desafían los sistemas de poder: si somos simplemente individuos que miran por su propio empoderamiento (empowerment) personal y, por lo tanto, los únicos responsables de nuestros propios “éxitos” y “fracasos”, entonces no hay necesidad de organizarse colectivamente. Y esto es precisamente lo que quería decir Margaret Thatcher al afirmar que no existe la sociedad, solo individuos que ante todo deben ocuparse de sí mismos.

Al plantear un sistema que canaliza a las mujeres –particularmente a las mujeres marginadas– hacia la prostitución no solo como una elección de las propias mujeres sino como potencialmente liberador, estos grupos consiguen ocultar el modo en que la pornografía sostiene el poder de los hombres, descargando la responsabilidad de la subordinación de las mujeres en las propias mujeres. Al señalar la presión social para la auto-objetivación como empoderamiento, se permite a la sociedad ignorar las razones por las que las mujeres buscan empoderarse a través de la sexualización y la mirada masculina. Al centrarnos en la capacidad de acción consciente (agency) de las mujeres, pasamos por alto el comportamiento de los hombres.

Lo que verdaderamente están defendiendo los grupos que piden hacer presión a favor de los “derechos de las trabajadoras sexuales” no son, desde luego, los derechos humanos de las mujeres sino los intereses económicos y sexuales de los hombres. Y por eso en el discurso se evita deliberadamente abordar el daño que causan estos hombres.

La campaña para presentar la presión a favor de la prostitución como un esfuerzo de base para ayudar a las mujeres marginadas ha sido todo un éxito. Al ignorar la dinámica de poder inherente a la compra por parte de un hombre de los servicios sexuales de una mujer, y llevar el debate hacia la elección de las mujeres, quienes podrían considerarse a sí mismas feministas se ven en una encrucijada: “¿Debo defender el derecho de las mujeres a elegir?” La respuesta obvia es sí. Pero esa pregunta es engañosa. La verdadera pregunta es: “¿Apoyo el derecho de las mujeres pobres y marginadas a tener una vida mejor que la que les ofrecen los hombres explotadores?”

Si bien el lenguaje manipulador diseñado para atraer a las masas liberales es una parte fundamental de la iniciativa para despenalizar a los proxenetas y a los puteros, otro componente clave es la fácil derrota de las feministas que desafían ese discurso.

Los defensores de esa industria no se detendrán ante nada para silenciar las voces de quienes se pronuncien en contra de sus intereses. Tachadas de mojigatas, conservadoras religiosas, opresoras y fanáticas, la guerra contra estas feministas culminó recientemente en el intento generalizado de impedir que quienes disienten de su proyecto tengan acceso a plataformas desde las que expresar sus puntos de vista.

Cuando hace un año la periodista sueca Kajsa Ekis Ekman iba a presentar en Londres su libro “Being and Being Bought: Prostitution, Surrogacy and the Split Self” [“El ser y la mercancía: prostitución, vientres de alquiler y disociación”], la librería que organizaba el acto fue amenazada con boicots.

El clima actual en el feminismo anglosajón es el que apoya la caza de brujas, me dijo Ekman. Esa caza de brujas comienza con “campañas difamatorias, parece que viene ‘de abajo’, y sobre las feministas famosas dice que están obnubiladas por el poder tildándolas de elitistas, ‘cis-sexistas’, racistas y ‘putafóbicas'”, explicó. “Luego lleva adelante auténticas campañas de silenciamiento, amenazas de boicot, demandas, y aislamiento de cualquiera que se ponga del lado de las feministas y, por asociación, del lado de la culpa”.

En el año 2003, Melissa Farley, una psicóloga clínica y fundadora de la organización sin ánimo de lucro Prostitution Research and Education, dirigió una investigación en Nueva Zelanda sobre la violencia y los trastornos de estrés postraumático en personas prostituidas, y después tuvo que declarar ante el Parlamento de aquel país por las entrevistas que había realizado. Un defensor de la prostitución neozelandés que estaba en desacuerdo con su investigación presentó una queja contra ella ante la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés). La queja fue ignorada por la APA y no fue tenida en cuenta por sus colegas, pero ellobby de la prostitución la presenta como legítima y la utiliza como excusa para presionar a otros para que descarten su exhaustiva e iluminadora investigación.

Julie Bindel, periodista feminista que lleva años informando sobre el comercio sexual mundial, ha revelado que el Sindicato Internacional de Trabajadoras del Sexo en Gran Bretaña era poco más que un portavoz de los proxenetas y los dueños de burdeles. También ha estado informando sobre los importantes fallos de la legalización de la prostitución en Amsterdam. En marzo, después de las quejas emitidas por los grupos de presión a favor de la prostitución, su nombre fue retirado de un panel de discusión de una película estadounidense sobre prostitución.

Las supervivientes de la prostitución también se ven enfrentadas a una campaña de silenciamiento. Bridget Perrier, educadora indígena y co-fundadora de la organización Sextrade101 de supervivientes del comercio sexual y abolicionistas con sede en Toronto, explicó que los esfuerzos del lobby a favor de la prostitución se centran en invalidar las experiencias de las mujeres que han abandonado el negocio, a menudo poniendo en duda sus historias.

Rachel Moran sobrevivió siete años a la explotación sexual en Irlanda y ha publicado un libro sobre sus experiencias, en el que aborda muchos de los mitos y las mentiras que ha perpetuado el lobby del trabajo sexual. Por su delito –contar la verdad– ha sido objeto de acoso continuo y acusada en más de una ocasión de inventarse su historia.

“He sido difamada, calumniada, amenazada, atacada físicamente y gritada”, me dijo Moran. “Mi dirección postal, los detalles de mi cuenta bancaria y mi dirección de correo electrónico personal han estando circulando entre las personas aparentemente más desequilibradas, las cuales me han tuiteado partes de mi dirección postal con ese estilo claramente amenazante del tipo ‘sabemos donde encontrarte'”.

Y añadió: “Sistemáticamente se alega que yo nunca estuve en la prostitución, aunque los registros que prueban que lo estuve están en manos de los servicios sociales irlandeses y del Juzgado de Distrito de Dublín de Menores”.

Negar verdades que podrían perjudicar el intento de presentar una versión expurgada de la industria del sexo, que vende la prostitución como “simplemente un trabajo como cualquier otro”, es un elemento clave de la campaña a favor de su legalización.

Moran me contó que le había impactado muchísimo la falta de compasión que mostraron hacia ella los defensores del negocio del sexo que aseguran tener un interés particular en la seguridad de las mujeres. “Sencillamente les importa un bledo estar llevando a cabo una campaña deliberada y organizada de intimidación contra una mujer que fue sistemáticamente abusada sexualmente por hombres adultos desde los quince años”, manifestó. “Mis verdades no les gustan, por eso hay que silenciarlas”.

Desesperados, sin ser capaces y sin estar dispuestos a responder a los argumentos feministas y socialistas básicos contra el negocio del sexo –a saber, que se ha levantado sobre la base del poder del hombre y del capitalismo, perpetuando ideas misóginas sobre las “necesidades” del hombre y los cuerpos de las mujeres como los objetos para satisfacer esos deseos socializados– sus lobbies recurren a las mentiras y a la calumnia.

Estos grupos intentan hacer pasar las campañas difamatorias por “crítica”, pero son cualquier cosa meno eso, señaló Ekman, la periodista sueca. “Lo que está ocurriendo no tiene nada que ver con la crítica. Recuerda más bien a una revolución cultural maoísta a gran escala”.

“Si eres una destacada feminista, no te escaparás”, continuó. “Si todavía no te han atacado lo harán, o no eres lo suficientemente peligrosa”.

Llevo años escribiendo sobre la industria del sexo y la legislación de la prostitución en Canadá. Los ataques contra mi persona y mi trabajo han sido implacables. En las últimas semanas varios grupos de presión canadienses a favor de este negocio organizaron una importante campaña difamatoria en línea, tachando los argumentos contra la objetivación, explotación y abuso de las mujeres de “fanatismo”, distorsionando intencionalmente mi trabajo y mis opiniones hasta volverlos irreconocibles.

Las acusaciones absurdas e infundadas lanzadas contra mí –”transfóbica”, “putafóbica”, racista y demás–reproducen las utilizadas contra todas las mujeres que desafían el statu quo en este sentido. La intención no es hacer justicia, sino calumniar a las feministas para que sus argumentos puedan ignorarse y descartarse, y también acosar a otros hasta que hagan lo mismo. La única cosa que nunca mencionan es la verdad.

La mujeres que se prostituyen tienen 18 veces más probabilidades de ser asesinadas que la población en general, y los hombres responsables tienen muchas menos probabilidades de ser condenados cuando se trata de una prostituta. En Canadá las mujeres indígenas están sobrerrepresentadas en la prostitución y, en general, sufrenmayores niveles de violencia que las mujeres no-indígenas. La legalización ha demostrado no ser una solución para la explotación, la violencia y el abuso.

Estos individuos y grupos cooptan las luchas de las personas marginadas para defender una industria multimillonaria que cada año se cobra la vida y la humanidad de miles de mujeres y niñas en todo el mundo. Para impedir que quienes manifiestan su desacuerdo amenacen sus intereses con palabras y argumentos, recurren a tácticas poco limpias para silenciar a escritoras y periodistas feministas independientes. Identifican nuestras palabras como “violencia” pero no hacen nada para luchar contra los responsables de la violencia real. Estos grupos nunca han participado en ninguna campaña pública contra un maltratador, nunca han presentado una demanda solicitando el despido de un putero violento, nunca han llamado “fanáticos” a quienes fuerzan a las niñas a prostituirse en burdeles o en las calles. Sus objetivos no son el capitalismo corporativo o los traficantes de sexo, tampoco los reyes del porno o los dueños de los burdeles maltratadores. No. Sus objetivos son las feministas.

En su ensayo “Liberalism and the Death of Feminism” [“Liberalismo y la muerte del feminismo”], MacKinnon escribió que “una vez hubo un movimiento feminista”: un movimiento que entendió que criticar prácticas tales como la violación, el incesto, la prostitución y el abuso no era lo mismo que criticar a las víctimas de esas prácticas. “Era un movimiento que sabía [que] cuando las condiciones materiales descartan el 99% de tus opciones, no tiene sentido llamar al 1% restante –lo que haces– tu elección”. Escribió estas palabras hace 25 años y aún seguimos librando las mismas batallas. Pronunciarse hoy contra los sistemas patriarcales significa que tu medio de vida se verá amenazado, así como tu credibilidad y tu libertad para hablar.

No puedes pretender ser progresista y manifestarte en contra de la democracia. No puedes pretender ser feminista y apoyar el silenciamiento de las mujeres. Este nuevo macartismo no nos liberará. Nos deja en manos de quienes quieren nuestra desaparición.

Meghan Murphy es una escritora y periodista de Vancouver, Columbia Británica. Su página web es Feminist Current.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/page3/the_sex_industrys_attack_on_feminists_20150529

Tanja Rham, exprostituta y psicóloga: “Mi discurso en el Congreso Abolicionista Internacional de París. La prostitución nunca es una opción libre”.


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Congreso Abolicionista Internacional, Paris 2014

Después de 3 años en prostitución, casi me tiro desde una ventana – desde el tercer piso. Así es como me hacía sentir la prostitución,- como si no tuviera nada por lo que vivir. Había sido violada tantas veces, que ya casi no quedaba nada de mí- ni dentro, ni fuera. No era nada. No tenía ningún valor. Me sentía completamente inútil. Yo era una máquina para el entretenimiento de otros, sus deseos sexuales y su perversa explotación.

Pasé 9 años en terapia para llegar a donde estoy hoy. E incluso aunque siga hablando sobre  la violencia experimentada en la prostitución, aún vivo esos traumas. Pero nosotras, como supervivientes, tenemos que hacerlo. Tenemos que seguir hablando sobre la violencia, para que nadie olvide o sea manipulado para pensar que la prostitución es algo tan siquiera cercano a un trabajo.

La prostitución es una industria que abusa masivamente de gente en circunstancias de vida desesperadas. Es un fenómeno social en el que los dueños de los burdeles, los chulos y los traficantes logran los mayores beneficios en nombre de la desesperación de la gente por obtener un nivel de supervivencia y seguridad económica básicos. Los clientes son la causa directa de la explotación que tiene lugar en prostitución. Ellos son los que demandan el suministro de nuevas jóvenes, mujeres y niñas inocentes.

Utilizar el término “trabajo sexual” es una forma de glorificar lo que ocurre en prostitución, y es una forma de seducir a la sociedad para que piense que la prostitución es una opción libre comparable con otras profesiones. El término “trabajo sexual” intenta normalizar e ignorar el daño que causa la prostitución. Utilizando el término trabajo sexual se violan derechos humanos básicos, porque el término “trabajo sexual” quita el foco del daño, la explotación y el abuso que tienen lugar en la prostitución, además de fomentar su comercialización, que cada vez es más y más frecuente, especialmente la del cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

El lobby de la prostitución habla de la misma como parte de la liberación sexual de las mujeres. Ellos alegan que la elección de prostituirse es individual, y que esta es una expresión del derecho de las mujeres a hacer con sus cuerpos lo que les plazca. Ellos describen la prostitución como una forma de elegir por sí mismas, en lo que a la comercialización de la sexualidad humana se refiere. El problema es, que ellos eligen en nombre de todas las mujeres del mundo. – Ellos eligen comercializar la sexualidad de las mujeres en general.

No veo ninguna relación entre prostitución y liberación sexual. Considero que la prostitución es tan opresiva como falta de reconocimiento de que las mujeres tienen derecho a una vida donde su sexualidad no sea comercializada, y donde a la sociedad le importe que haya gente que es explotada, abusada y marginalizada como lo son en prostitución. La sociedad debería hacerse responsable de la gente que no tiene opciones y de las mujeres que no tienen voz en el debate de la prostitución. Las mujeres que realmente tienen opciones, tienen la opción de elegir algo más, y muchas mujeres no tienen esa opción.

La prostitución es el mercado de los clientes. La prostitución está basada en las condiciones de los clientes. La prostitución existe en manos de criminales. La prostitución son casas donde se trafican personas, personas vulnerables, personas que se dañan a sí mismas, personas pobres y personas que sufren y en muchos casos han sufrido distintos grados de abuso. La mayoría de personas en prostitución pueden ser incluidas en alguno de esos grupos.

 El 18 de noviembre impulsé un nuevo grupo de supervivientes en Dinamarca. Ninguna de las mujeres con las que he estado en contacto reconoce la imagen que los lobbies de la industria del sexo nos han pintado de la prostitución como “trabajo sexual” o “liberación sexual”. Estas mujeres hablan de la prostitución como una forma de supervivencia, como un comportamiento destructivo y como falta de opciones.

La prostitución no puede ser comparada ni con sexo ni con trabajo porque los servicios sexuales tienen lugar únicamente bajo las premisas del prostituidor, y porque ningún derecho legal ni sindical protegerá nunca a las prostitutas de la violencia sexual que tiene lugar en prostitución.

Una encuesta danesa del año pasado muestra que los hombres que compran sexo son cada vez más y más jóvenes. Hay una relación directa entre la normalización de la cosificación de las mujeres y la actitud liberal hacia comprar sexo. La aceptación de la comercialización del cuerpo de las mujeres reduce a las mujeres a cosas que pueden ser vendidas y compradas.

Las supervivientes de prostitución hemos visto y experimentado como los puteros muestran una visión condescendiente y carente de todo respeto por las mujeres que compran. Esto es porque los hombres que compran sexo pueden permanecer en el anonimato total y no necesitan rendir cuentas por sus acciones. Hablamos de simpáticos maridos y amorosos papás, que muestran partes de su personalidad que esconden al resto del mundo en su vida normal, partes, que son mostradas a las mujeres que están en lo más bajo de la sociedad, las más vulnerables, avergonzadas y marginalizadas. Las prostitutas.

Nunca, ni en mis 3 años en prostitución, ni en los 4 que llevo dando la cara en público, he conocido una sola mujer que se prostituyera habiendo podido elegir libremente, teniendo verdaderas opciones. Ninguna de las mujeres con las que he estado en contacto habla de la prostitución como una forma de liberación sexual. Y ninguna de ellas habla de sexo, placer, o de vidas saludables durante la prostitución.

De lo que ellas hablan es de dolor, del daño que vino en forma de shock, mientras aún estaban dentro o después de que dejaran la prostitución. Hablan de depresión, de ansiedad, de pensamientos suicidas, del Síndrome de Estrés Post Traumático, de tremendos problemas para involucrarse en relaciones personales, relaciones con hombres, y especialmente, problemas con la intimidad y la sexualidad.

La aceptación de una industria donde millones de personas alrededor del mundo son abusadas y explotadas es lo mismo que ignorar el derecho de todas las mujeres a una vida en condiciones seguras, sin ser convertidas en objetos o comercializadas. La prostitución afecta a todas las mujeres y no solo a las mujeres en prostitución. Una sociedad que acepta la prostitución acepta una opresión que no reconoce a las mujeres como seres humanos iguales.

Encuentro interesante que el debate sobre prostitución esté constantemente centrado en las prostitutas y su libertad de elección. ¿No es ya hora de poner el foco en los clientes, de poner la atención en los que sistemáticamente nos exponen a la violencia sexual? ¿Dónde están? ¿Por qué no hablan ellos sobre su libre elección de comprar sexo? ¿Por qué no se les ve más en público? ¿Por qué no cuentan a sus mujeres y familias lo que hacen? ¿Por qué no hablan de su comportamiento agresivo hacia las prostitutas? ¿Por qué no cuentan la violencia que ejercen sobre las prostitutas? ¿Por qué no hablan de sus continuos intentos de exceder todos los límites y condiciones que les ponen las prostitutas?

Pues porque ellos saben que ninguna sociedad aceptaría las acciones que ejercen como compradores. Pero cuando las mujeres que han estado en prostitución hablan de esas acciones, es difícil que la gente  crea que eso realmente ocurre dentro de la prostitución.

La prostitución no tiene nada que ver con el derecho a decidir qué hacer con tu cuerpo. En realidad, tú no decides nada en prostitución. Bueno, quizá decidas el precio, quizá decidas no hacer anal, y quizá decidas no hacerlo sin condón. Pero cuando hablamos de límites, los compradores se los saltarán, harán todo lo posible por excederlos, porque esa es una de las cosas que realmente les pone. Les pone ver lo fácil que es saltárselos, obligar a la prostituta a hacer cosas que ella no quiere o con las que no está de acuerdo, porque él tenía justo el puñado de dinero que hacía falta.

Eso es explotación – eso es poder masculino. Eso es lo que la gente llama “trabajo sexual”. Yo nunca he oído de otra ocupación donde te tengas que disociar a ti mismo de lo que haces. Pero en prostitución tienes que hacerlo, porque no hay ser humano que aguante tantas violaciones.

La prostitución nunca ha ido de prostitutas; La prostitución va del derecho de los hombres a violar mujeres. Comprar sexo degrada el valor de TODAS las mujeres.

Prohibir la compra de sexo es una cuestión de igualdad y derechos humanos, si no por ti y por mí, por nuestros niños, por la seguridad de nuestras hijas. Ellas no han pedido esta violencia, y nosotros tenemos la habilidad de protegerlas de ser cosificadas, comercializadas, mercantilizadas y reducidas a máquinas destinadas a ser propiedad de la sexualidad de los hombres.

Nadie anhela ser prostituta. La prostitución no es una elección, es ausencia de oportunidades. Pongamos la responsabilidad donde tiene que estar. Dejemos que los clientes sean responsables de sus acciones, criminalizándoles. Esa es la única manera de proteger a las personas explotadas en la industria del sexo.

Traducción de Plataforma Anti Patriarcado del discurso de Tanja en el Congreso Abolicionista Internacional, Paris 2014

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tanjaTanja Rahn fue prostituida durante 3 años en diferentes burdeles de Dinamarca. Sufriendo de ansiedad y depresión, consiguió salir con gran trabajo de la prostitución y terminar la carrera de psicología, y recientemente, la de educación social. Actualmente, escribe libros (“Amor y sexualidad de la A-Z”) y artículos, enseña a sus alumnos sobre sexualidad y es una incansable activista social y política contra la prostitución. A pesar de que Tanja no fue forzada “físicamente” a prostituirse por ninguna mafia o chulo, y de que mientras era prostituta afirmaba haber elegido ese camino libremente, después de un largo proceso de terapia, descubrió que su camino hacia la prostitución había sido el resultado de una coerción psicológica, por una niñez disfuncional y una adolescencia plagada de abusos sexuales, que tuvo como resultado una baja autoestima, así como  falta de confianza en sí misma, derivadas de todo lo vivido y de la inestabilidad que la rodeaba. Ahora asegura que La prostitución nunca es una opción libre”.

Rachel Moran, exprostituta, “En todos mis años ejerciendo nunca conocí una mujer prostituida feliz de serlo, que me digan donde están esas mujeres de las que tanto habla la gente y los medios”


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Fuente: Periódico LEVANTE EMV – Comunitat Valenciana

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Otras entrevistas a Rachel Moran (en inglés).

“Hacia una teoría crítica de la prostitución”


Recopilación de ponencias de las “Jornadas Junt@s por una Europa libre de Prostitución” y “de las jornadas de “Trata de mujeres en la puerta de al lado”

Doctora en Filosofía Ana de Miguel, y autora de La Prostitución de mujeres, una escuela de desigualdad humana . Aquí la ponencia completa con el mismo nombre.

Rocío Nieto, Presidenta y Directora de APRAMP (Asociación para la prevención, reinserción y atención de la mujer prostituida).

Pilar Aguilar, investigadora, ensayista y crítica de cine. Socióloga de formación, sus análisis, basados siempre en el imperativo feminista analiza la imagen de la mujer y de la prostitución en el cine. Para ella el cine es tanto un elemento socializador y perpetuador de comportamientos como un reflejo de la sociedad machista y patriarcal en que vivimos.

Soledad Muruaga, psicóloga y activista feminista por la Salud Integral de las mujeres, especialmente por la Salud Sexual y Reproductiva.

Susana Ros, portavoz de la comisión de igualdad por el partido socialista de Castellón

Beatriz Gimeno, escritora, periodista y activista social feminista

Alicia Miyares es doctora en Filosofía y profesora en esta materia.

Erik Pescador,  Red de Hombres por la Igualdad

Amelia Valcarcer, filósofa e investigadora, en agosto de 2006, le fue concedida la medalla de Asturias en su modalidad de plata, en reconocimiento tanto a su labor en el pensamiento feminista español, como a su lucha por la igualdad y “arriesgados planteamientos en el mundo de las ideas”, así como por su comprometida dedicación al mundo de la docencia e investigación1