No lo llames porno, llámalo prostitución


Ismael López hace público Escúpelo, un libro en descarga gratuita sobre el lado oscuro del cine X español

 

16/06/2017 – 

 

VALÈNCIA. Lo dice una profesional del medio: “El porno solo se ve súper guay desde fuera”. Es una de las varias actrices que se dedican al cine para adultos y que desfilan por Escúpelo. Crónicas en negro sobre el porno en España, un libro disponible en descarga gratuita en el que el periodista Ismael López relata los cuatro días que pasó en una villa mallorquina durante el rodaje de un casting X. Un texto en el que cuenta lo que filmaron las cámaras, pero también todo lo que sucedía mientras no rodaban, y que además incluye entrevistas personales con la mayoría de asistentes. La aventura de Ismael, sin embargo, empezó mucho antes de llegar a la isla. “A finales de 2014, entrevisté a una actriz porno que todavía no se había hecho muy famosa, Amanda Burroughs”, explica. El nombre, como todos los que menciona en el libro, es falso, una comprensible precaución del autor, pero no es difícil intuir que habla de Amarna Miller. “No tardó en hacerse famosa, lo que le dio bastante repercusión a la entrevista, en la que se mostraba bastante indulgente con temas como el machismo o el abuso sexual”. Poco después, fue portada de un conocido semanario español, donde se le presentaba como La revolución del cine X, un titular muy similar al que la revista había utilizado tiempo atrás con Celia Blanco (La revolución del porno español), su predecesora en el stardom porno con acceso al mainstream. Y Jot Down le hizo otra entrevista a Miller, mucho más amable, donde no quedaba rastro de las alusiones a las condiciones de trabajo de las actrices en Europa del Este o la violencia en los rodajes.

De este modo se introdujo en el mundillo del porno Ismael. No tardó en recibir el encargo de trabajar como redactor en una revista mensual (en el libro, Sex Line) que pretendía aprovechar el tirón de Amarna Miller para publicar columnas de opinión de otras actrices X. Como ellas no tenían los recursos periodísticos necesarios, era gente como Ismael la que escribía, aunque la foto y la firma no fueran las suyas. Así conoció a Siel van Sout, tal como la bautiza en su texto, aunque tampoco es complicado deducir que podría tratarse de Salma de Nora. La colaboración se fue desarrollando con fluidez, hasta el punto de que la actriz le propuso que redactara su autobiografía, siguiendo el modelo del libro escrito por Jenna Jameson, Cómo hacer el amor igual que una estrella del porno (Martínez Roca, 2005), que la estrella americana firmó junto a Neil Strauss. Para que se fuera familiarizando con su entorno y su día a día, Salma (o Siel) invitó al periodista a que asistiera al casting mallorquín.

Cuatro día, cuatro noches

Ismael nunca llegó a escribir la autobiografía, pero la estancia en la isla no ha caído en saco roto. Escúpelo es la prueba. “Nunca me ha interesado la pornografía como consumidor, pero me atraía ese mundo oculto, yo también era víctima de la propaganda”, admite. “En ese sentido, mis relaciones con las actrices siempre han sido muy normales”. Quizá por eso, y porque entendían que estaba allí como invitado y, por tanto, era alguien de confianza, se sinceraron sin problemas cuando les puso la grabadora delante. Y la misma chica que pronunciaba la frase con que se abre este artículo (identificada en el libro como Amalia X) entra en un momento del libro en uno de los asuntos más espinosos relacionados con el cine porno. “Lo de la prostitución es un tema polémico, porque es cierto que se parece mucho una cosa a la otra, pero cada uno con su cuerpo hace lo que quiere”, asegura. “Conozco a muchas compañeras en el porno que son escorts, creo que hay una gran mayoría que trabajan de actriz y prostituta, pero lo ocultan, no lo publican o lo hacen en privado. Imagínate que un tío llega y te paga 1.500 euros para que te lo folles. A lo mejor te lo piensas dos veces, ¿no? Cuando te dan 250 euros por grabar una escena y aparece alguien que te da cinco o seis veces más por un solo trabajo… Yo lo he hecho porque he querido y no me avergüenzo de ello”. De puertas afuera puede que sea un tema tabú, pero dentro parece que todo el mundo lo tiene bastante claro.

La actriz ofrece cifras que no se corresponden con las que cobran las estrellas, precisamente. En otro pasaje del libro, Siel admite que existe la prostitución “y más cosas, y eso que antes no hacía tanta falta, porque se pagaba el doble o el triple por escena y se ganaba bastante. Ahora, con internet, el porno se muere”, explica. Y añade: “Dudo que en España haya alguien que no se prostituya. La que no lo hace por dinero, lo hace a cambio de favores”. Una franqueza que contrasta con la hipocresía de los medios a la hora de afrontar la cuestión. “No hay nada de glamour en abrirse de piernas, de todos modos. Negar lo de la prostitución es un poco estúpido en este trabajo. Aunque te presentes en las galas vestida como una estrella de cine, acabas haciendo lo que haces”, concluye. Ismael está convencido de que no esperaban que se publicaran sus declaraciones. “Oficialmente, ni se asocia una cosa con la otra, incluso está mal visto, porque no se sabe lo que puedes coger fuera”, comenta, en relación con las enfermedades de transmisión sexual.

No es el único tema controvertido que aborda un libro en el que también se menciona (siempre con seudónimo) a personajes que se pueden identificar con María Lapiedra, Torbe,Julia de Lucía, Sara May, Max Cortés, Erika Lust, Carolina Abril o Dinio García. Quizá por eso no ha habido ninguna editorial que se atreviera a publicarlo. “Hubo una importante que editó una novela teóricamente de ficción sobre las irregularidades cometidas por el Comité Olímpico con algunos deportistas (se refiere a Sangre de barro, de Maribel Medina). Me dijeron que mi texto no encajaba en su catálogo, lo mismo que otras editoriales que se dedican al periodismo de investigación. Otra me tuvo seis meses esperando, finalmente perdió el interés y al poco tiempo publicó un libro relacionado con el tema firmado por una presentadora de televisión”.

A lo largo de las cuatro jornadas que pasó en la casa de Mallorca, asistió a varios rodajes donde se combinaban actrices profesionales con actores amateurs (supuestos candidatos a actor porno). Entre una y otra secuencia, les hacía preguntas sobre temas como sus condiciones laborales. El fotógrafo que se dedicaba a filmar las escenas, por ejemplo, admite que “hay que trabajar mucho para que salga rentable pagar impuestos”. A otro experimentado cámara “una productora porno estaba dispuesta a pagarle más de lo que ganaba actualmente si renunciaba a cotizar y a la Seguridad Social”. Y una de las actrices confiesa que estuvo dada de alta como autónoma, pero que ya no. Mientras unas y otros hablan, un tal Pepe Martí, de la revista Sex Line (de nuevo, no es difícil suponer que se trata, presuntamente, del valencianoPaco Gisbert), se dedica a revolotear alrededor de todos ellos, asegurando que “siempre se factura, y si no estás en autónomos tienes un problema gordo”. Por el contrario, Ismael afirma que “todo intercambio económico que he visto en este ámbito ha sido en negro. Esa es mi experiencia personal”. No es la única contradicción entre las declaraciones que graba y lo que contempla en Mallorca. “El porno tiene un componente que hace que creamos que es más realista que el resto de géneros cinematográficos, pero en realidad no es verdad”, trata de explicarle Martí  en otro momento. “Es más realista porque muestra cosas más descarnadas, pero está todo pactado”. Es más realista, de hecho, porque lo que muestra sucede realmente, mientras que en una película de terror se finge (la muerte, la violencia). “Todo está pactado”, subraya. Pero Ismael ve cómo hay que detener una escena porque uno de los actores está llevando al límite a una de las actrices.

Complicidad mediática y pruebas de sangre

Algunas publicaciones para adultos fomentan el negocio del porno porque se nutren de él. Curiosamente, la mayoría de ellas pertenecen al mismo grupo empresarial. “La actriz porno más conocida en estos momentos en España hizo una entrevista en televisión con un famoso comunicador que colaboraba en el mismo periódico que ella, que a su vez pertenece al grupo editorial que sustenta las revistas mencionadas”. De nuevo, prefiere no dar nombres, pero los cabos se pueden atar desde los mullidos almohadones de un sofá Chester. O de un rincón de pensar. Capitalizan gran parte del interés en el porno por parte de los medios convencionales, pero no todo. “Hay otra productora que no tiene nada que ver con ese grupo editorial, pero tiene un montón de conexiones con programas televisivos de contactos y realities donde tiene mucha presencia la gente de la industria del porno y se cita constantemente estas cabeceras periodísticas”. Quien habla de sofás, puede hablar de tronos. Y no precisamente los de la serie de HBO.

Las casi trescientas páginas de Escúpelo dan para mucho. El libro desvela también que muchos de los hombres que participan en los rodajes pagan por hacerlo. “Es prostitución con una cámara delante”, opina Ismael. “De hecho, las escenas que se rodaron en Mallorca nunca salieron a la luz”. Los más ingenuos acudieron convencidos de que en un futuro podrían llegar a convertirse en profesionales del medio. Otros tenían claro a lo que iban. En cualquiera de los casos, hoy en día es casi imposible catalogar el porno como cine. Se sigue rodando porque “para las chicas es una forma de promoción de cara a lo que hagan después con su vida aparte del porno: Escorts, webcamers…” El porno es de acceso fácil y gratuito en internet, donde lo que importa son las inserciones publicitarias que aparecen alrededor de los videos. En cuanto a las habituales menciones a las drogas y los abusos sexuales, no tienen tanto protagonismo, pero el libro deja caer suficientes pistas como para hacerse una idea del panorama. “La sensación que he tenido al conocer a chicos de la industria es que no son muy distintos a cualquier chulo playero de discoteca”, afirma Ismael. También describe unas pruebas médicas de dudoso rigor, basadas en un pinchazo en el dedo para extracción de sangre que después se envía a analizar. Lo sorprendente es que el rodaje se inicia antes de que lleguen los resultados de los tests, sin que a nadie parezca importarle.

En el prólogo de Escúpelo, Irene Riot, de la web Riot and Roll, dice que espera que el libro”abra los ojos a algunos profetas de la izquierda moderna que han abierto los brazos a esta idea tan extraña de libertad y emancipación, y en su abrazo se ha colado toda una serie de oscuros personajes que desde luego poco tienen que ver con un ideario de progreso y justicia social”. La imagen de Pablo Iglesias dando cancha a Amarna Miller o el tratamiento benévolo que recibe Nacho Vidal por parte de los medios, pese a detenciones por malos tratos (2007) o acusaciones de blanqueo de capitales (2012), no contribuyen al optimismo, pero Escúpelo intenta arrojar algo de luz sobre las tinieblas. Está en descarga gratuita por decisión de su autor, que no quiere ganar dinero con él. “Me sabría muy mal lucrarme con esta historia. Me parece que sería cómplice. Lo escribí pensando en esas adolescentes de 18 años que, al enterarse de que conocía gente en el porno, me escribieron para que les facilitara contactos que les permitieran entrar en la industria. Pensaban que era una maravilla”. Algunos periodistas han contactado con Ismael en cuanto el libro ha comenzado a tener difusión, pero no quiere convertirse en un personaje de la historia. “Después de escribir a determinados medios y que me ignoraran, vi que daban voz, precisamente, a los protagonistas del libro. Así que temí que pretendieran usar la publicación como estrategia para crear un circo. Por eso me pasé a la vía independiente”. El texto sigue circulando. Solo el tiempo permitirá calibrar sus consecuencias.

 

Artículo original: http://www.valenciaplaza.com/no-lo-llames-porno-llamalo-prostitucion

El lado oculto del porno en España: Prostitución, trata y violencia sexual


Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España

June 2, 2017

Hemos decidido, después de no poco tiempo de darle varias vueltas y buscar apoyos para la difusión, lanzar un libro en el que se recogen las experiencias de un trabajador de la industria del sexo en España.

Escrito en primera persona con el apoyo de entrevistas y otras fuentes, “Escúpelo” es la historia de un joven periodista que vive en el backstage del cine X, escribiendo para personajes de moda y siendo testigo de los abusos de la industria hacia las actrices y adictos a este modelo de negocio.

El libro reúne entrevistas con varios representantes de peso en el porno, así como la descripción de escenas vistas tras la cámara que no llegan a las pantallas.

Hemos decidido sustituir los nombres reales para no eclipsar el objetivo de la obra, que es ofrecer un relato en el que forméis parte del entorno descrito.

Queremos exponer un negocio corrupto, de economía en negro, drogas, enfermedades de transmisión sexual, influencia política y prostitución. Desde los salones eróticos y las charlas en universidades a los platós de televisión, de la mano de influencers que se convierten en referentes feministas financiadas por empresas que hacen negocio con la desgracia y la necesidad de decenas de mujeres cada año en Europa del Este.

“Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España” nace con la idea de contrarrestar una campaña de desinformación muy rentable en la que solo se muestra la cara más brillante de la moneda.Nace para promover el pensamiento crítico sobre un negocio que cada vez está más cerca de los jóvenes. Nos sorprende como periodistas que, siendo un sector con tantísimo tirón (y visibilidad), los medios de comunicación no se hayan hecho un eco más profundo sobre las irregularidades que permanecen en la sombra. Nos sorprende también que proyectos como este se encuentren con barreras tan grandes para ver la luz.

El porno mueve mucho dinero. Incluso en un estado como el español, el lobby pornográfico tiene un peso importante. Son bastantes los grupos mediáticos que tienen un pie puesto en la industria, ya sea en prensa o con colaboraciones de personas relevantes del negocio. Un análisis crítico, veraz, con argumentos reales, no tiene cabida en el mercado editorial; se nos han cerrado muchas puertas.

 

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Por suerte pensamos que el mundo ha cambiado, y que las ideas son capaces de saltar cualquier barrera.

Tenemos la esperanza puesta en que esto permita hacer decisiones más informadas, tanto a las futuras mujeres captadas por la industria, como a los consumidores. A partir de aquí las conclusiones son vuestras. Podéis ayudarnos a difundirlo.

ACTUALIZACIÓN: aunque podéis descargar el libro en los enlaces de abajo, también hemos habilitado un enlace a wattpad para quienes tenían problemas desde móviles: http://my.w.tt/UiNb/TtDGP5M72D

Este es el fruto del trabajo de casi dos años y la descarga es gratuita. Al ser un trabajo independiente es posible que encontréis erratas o errores de formato, aunque hemos puesto mucho empeño en reducirlas al máximo posible. La autoría del libro y la investigación pertenecen a Ismael López Fauste, el prólogo y las correcciones a Irene Riot.  Este libro es una obra registrada, sin embargo: Tienes permiso para difundirlo, copiarlo, imprimirlo, cortarlo, interpretarlo. No tienes permiso para modificarlo o sacar beneficio económico de su venta.

Habilitamos un enlace también para que aquellos que lo deseen y puedan permitírselo hagan una donación que financie el libro y nos ayude a seguir trabajando:

https://www.patreon.com/escupelo

La cuenta de correo para este proyecto es: escupelolibro@gmail.com Podéis enviar sugerencias, experiencias o proponer cualquier tipo de colaboración.

Aquí abajo encontraréis varios enlaces y formatos en los que podéis descargar la obra completa.

Ebook (dispositivos Kindle)

Google Drive     https://goo.gl/TIOGjj

Dropbox          https://goo.gl/MC3TL7

Mega               https://goo.gl/90SoJY

Ebook (formato Epub)

Google Drive     https://goo.gl/BQIXEr

Dropbox          https://goo.gl/zmPRzS

Mega               https://goo.gl/6MEOj5

PDF (para impresion y pantallas)

Google Drive     https://goo.gl/iBxRZ6

Dropbox          https://goo.gl/V9Nwys

Mega               https://goo.gl/rvybnf

Solo texto (para bloggers y periodistas)

Google Drive     https://goo.gl/MuBwuN

Dropbox          https://goo.gl/PUerkm

Mega               https://goo.gl/MIoae7

¿Cómo puedes abrir archivos EPUB desde tu teléfono?

iPhone e iPad:

Aldiko

https://itunes.apple.com/us/app/aldiko-book-reader/id974117987?mt=8

Android:

Moon + Reader

https://play.google.com/store/apps/details?id=com.flyersoft.moonreader

La ex actriz porno Jessie Rogers expone los impactantes abusos de la Industria del Porno


La ex actriz porno Jessie Rogers expone los impactantes abusos de la Industria del Porno y nos cuenta su historia.

“Me captaron siendo menor. La pornografía no es fantasía, lo que les hacen a las chicas es real, el abuso es real. La pornografía es una tapadera para la prostitución”

Lo llaman fantasía… Andrea Dworkin


MÁS QUE HARTAS de oír la FALACIA “el porno es fantasía”. No, no es fantasía, y eso sin meternos a criticar el efecto nocivo que tiene sobre nosotras la representación y la violencia que se ejerce contra la mujer en la pornografía.

 

 

Esclavas Sexuales del ISIS Vs Esclavas Sexuales de Occidente


Foto de Pilar Aguilar Carrasco.
Foto de Pilar Aguilar Carrasco.

 

Dicen los edictos de ISIS que a los combatientes separados de sus esposas “la gracia divina y maravillosa generosidad les trae las cautivas y esclavas”.
Aun partiendo del mismo supuesto (los varones necesitan follarse de vez en cuando a una mujer) nuestra alternativa occidental es mucho mejor, sin duda. Los hombres tienen que pagar, sí, pero, a cambio, pueden ignorar que las folladas son cautivas y esclavas (palabras que dan mal rollo ¿verdad?). En el fondo, y si se paran a pensar medio minuto, saberlo, lo saben, pero no se paran, claro. Pueden ignorarlo y simplemente llamarlas putas y decidir que están ahí por libre elección.


Nuestro sistema tiene, además, otras ventajas innegables: frente a número limitado de esclavas y cautivas de ISIS (que, para colmo, cuando les quitan el velo pueden parecerles feas o viejas), los puteros gozan de una oferta inigualable que se renueva constantemente (ya se encargan los dueños de los burdeles de intercambiar mercancía periódicamente con los otros burdeles), que incluye africanas, asiáticas, caucásicas, etc. y todas jóvenes.


¡Qué primitivo el sistema de ISIS! ¿verdad?

 

Por Pilar Aguilar Carrasco

El ataque de la industria del sexo contra las feministas


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Los pornógrafos llevan mucho tiempo defendiendo como “libre expresión” los productos y prácticas de su extremadamente lucrativa industria, incluso cuando estos sexualizan el poder y la violencia de los hombres contra las mujeres. De modo parecido, quienes defienden la prostitución, a la que estratégicamente llaman “trabajo sexual”, plantean el movimiento a favor su legalización y normalización como liberador.
Pero estos grupos solo apoyan la libre expresión y las libertades en la medida en que sirven a sus intereses. Aquellos que se manifiestan contra la industria del sexo están excluidos de su versión de “libertad”.Tuvimos pruebas de ello en marzo, cuando varios lobbies de la prostitución amenazaron con boicotear una conferencia en Vancouver, Columbia Británica, que iba a contar con la presencia de Chris Hedges, destacado periodista y columnista de Truthdig, como ponente principal. Estos grupos de presión intentaron impedir su participación por haber escrito un artículo en el que definía la prostitución como “la quintaesencia del capitalismo global”, y lo habrían conseguido si no hubiera sido por la respuesta apasionada de grupos locales de mujeres.Las campañas de desprestigio contra las feministas y sus aliados que se atreven a decir la verdad sobre el poder y la violencia de los hombres no son algo nuevo. En los años noventa los pornógrafos lanzaron una campaña contra la profesora Catharine MacKinnon y la feminista Andrea Dworkin comparándolas con los nazis y acusándolas de suprimir la libre expresión cuando, en realidad, la ordenanza anti-pornografía que ellas habían redactado en Minneapolis en 1983 – definiendo la pornografía como una violación de los derechos civiles de las mujeres– no fue un intento de censurar la libre expresión sino de abordar el daño causado a las mujeres por la industria de la pornografía.Para atraer a los progresistas bienintencionados, se inventó un movimiento por los “derechos de las trabajadoras sexuales” en oposición a aquellas feministas que creían que la prostitución era la extensión y la perpetuación del poder y la violencia del hombre. El lobby de la prostitución adoptó el lenguaje del movimiento obrero para defender los derechos de los hombres a abrir burdeles y a comprar servicios sexuales de las mujeres, y también el lenguaje del movimiento feminista para plantear la prostitución como una elección de la mujer.Estos grupos de presión tienen a los medios de comunicación de su parte, así como a los proxenetas y los puteros. De acuerdo a sus intereses capitalistas, los medios oficiales presentan la pornografía y la prostitución como iniciativas empresariales y, en consonancia con sus bases patriarcales, aceptan como norma la idea de los cuerpos de las mujeres como objetos consumibles.

En los últimos años la industria del sexo ha colaborado con los medios para descontextualizar completamente el sistema de la prostitución. Este enfoque neoliberal es parte de un esfuerzo constante para desarmar a los movimientos que desafían los sistemas de poder: si somos simplemente individuos que miran por su propio empoderamiento (empowerment) personal y, por lo tanto, los únicos responsables de nuestros propios “éxitos” y “fracasos”, entonces no hay necesidad de organizarse colectivamente. Y esto es precisamente lo que quería decir Margaret Thatcher al afirmar que no existe la sociedad, solo individuos que ante todo deben ocuparse de sí mismos.

Al plantear un sistema que canaliza a las mujeres –particularmente a las mujeres marginadas– hacia la prostitución no solo como una elección de las propias mujeres sino como potencialmente liberador, estos grupos consiguen ocultar el modo en que la pornografía sostiene el poder de los hombres, descargando la responsabilidad de la subordinación de las mujeres en las propias mujeres. Al señalar la presión social para la auto-objetivación como empoderamiento, se permite a la sociedad ignorar las razones por las que las mujeres buscan empoderarse a través de la sexualización y la mirada masculina. Al centrarnos en la capacidad de acción consciente (agency) de las mujeres, pasamos por alto el comportamiento de los hombres.

Lo que verdaderamente están defendiendo los grupos que piden hacer presión a favor de los “derechos de las trabajadoras sexuales” no son, desde luego, los derechos humanos de las mujeres sino los intereses económicos y sexuales de los hombres. Y por eso en el discurso se evita deliberadamente abordar el daño que causan estos hombres.

La campaña para presentar la presión a favor de la prostitución como un esfuerzo de base para ayudar a las mujeres marginadas ha sido todo un éxito. Al ignorar la dinámica de poder inherente a la compra por parte de un hombre de los servicios sexuales de una mujer, y llevar el debate hacia la elección de las mujeres, quienes podrían considerarse a sí mismas feministas se ven en una encrucijada: “¿Debo defender el derecho de las mujeres a elegir?” La respuesta obvia es sí. Pero esa pregunta es engañosa. La verdadera pregunta es: “¿Apoyo el derecho de las mujeres pobres y marginadas a tener una vida mejor que la que les ofrecen los hombres explotadores?”

Si bien el lenguaje manipulador diseñado para atraer a las masas liberales es una parte fundamental de la iniciativa para despenalizar a los proxenetas y a los puteros, otro componente clave es la fácil derrota de las feministas que desafían ese discurso.

Los defensores de esa industria no se detendrán ante nada para silenciar las voces de quienes se pronuncien en contra de sus intereses. Tachadas de mojigatas, conservadoras religiosas, opresoras y fanáticas, la guerra contra estas feministas culminó recientemente en el intento generalizado de impedir que quienes disienten de su proyecto tengan acceso a plataformas desde las que expresar sus puntos de vista.

Cuando hace un año la periodista sueca Kajsa Ekis Ekman iba a presentar en Londres su libro “Being and Being Bought: Prostitution, Surrogacy and the Split Self” [“El ser y la mercancía: prostitución, vientres de alquiler y disociación”], la librería que organizaba el acto fue amenazada con boicots.

El clima actual en el feminismo anglosajón es el que apoya la caza de brujas, me dijo Ekman. Esa caza de brujas comienza con “campañas difamatorias, parece que viene ‘de abajo’, y sobre las feministas famosas dice que están obnubiladas por el poder tildándolas de elitistas, ‘cis-sexistas’, racistas y ‘putafóbicas'”, explicó. “Luego lleva adelante auténticas campañas de silenciamiento, amenazas de boicot, demandas, y aislamiento de cualquiera que se ponga del lado de las feministas y, por asociación, del lado de la culpa”.

En el año 2003, Melissa Farley, una psicóloga clínica y fundadora de la organización sin ánimo de lucro Prostitution Research and Education, dirigió una investigación en Nueva Zelanda sobre la violencia y los trastornos de estrés postraumático en personas prostituidas, y después tuvo que declarar ante el Parlamento de aquel país por las entrevistas que había realizado. Un defensor de la prostitución neozelandés que estaba en desacuerdo con su investigación presentó una queja contra ella ante la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés). La queja fue ignorada por la APA y no fue tenida en cuenta por sus colegas, pero ellobby de la prostitución la presenta como legítima y la utiliza como excusa para presionar a otros para que descarten su exhaustiva e iluminadora investigación.

Julie Bindel, periodista feminista que lleva años informando sobre el comercio sexual mundial, ha revelado que el Sindicato Internacional de Trabajadoras del Sexo en Gran Bretaña era poco más que un portavoz de los proxenetas y los dueños de burdeles. También ha estado informando sobre los importantes fallos de la legalización de la prostitución en Amsterdam. En marzo, después de las quejas emitidas por los grupos de presión a favor de la prostitución, su nombre fue retirado de un panel de discusión de una película estadounidense sobre prostitución.

Las supervivientes de la prostitución también se ven enfrentadas a una campaña de silenciamiento. Bridget Perrier, educadora indígena y co-fundadora de la organización Sextrade101 de supervivientes del comercio sexual y abolicionistas con sede en Toronto, explicó que los esfuerzos del lobby a favor de la prostitución se centran en invalidar las experiencias de las mujeres que han abandonado el negocio, a menudo poniendo en duda sus historias.

Rachel Moran sobrevivió siete años a la explotación sexual en Irlanda y ha publicado un libro sobre sus experiencias, en el que aborda muchos de los mitos y las mentiras que ha perpetuado el lobby del trabajo sexual. Por su delito –contar la verdad– ha sido objeto de acoso continuo y acusada en más de una ocasión de inventarse su historia.

“He sido difamada, calumniada, amenazada, atacada físicamente y gritada”, me dijo Moran. “Mi dirección postal, los detalles de mi cuenta bancaria y mi dirección de correo electrónico personal han estando circulando entre las personas aparentemente más desequilibradas, las cuales me han tuiteado partes de mi dirección postal con ese estilo claramente amenazante del tipo ‘sabemos donde encontrarte'”.

Y añadió: “Sistemáticamente se alega que yo nunca estuve en la prostitución, aunque los registros que prueban que lo estuve están en manos de los servicios sociales irlandeses y del Juzgado de Distrito de Dublín de Menores”.

Negar verdades que podrían perjudicar el intento de presentar una versión expurgada de la industria del sexo, que vende la prostitución como “simplemente un trabajo como cualquier otro”, es un elemento clave de la campaña a favor de su legalización.

Moran me contó que le había impactado muchísimo la falta de compasión que mostraron hacia ella los defensores del negocio del sexo que aseguran tener un interés particular en la seguridad de las mujeres. “Sencillamente les importa un bledo estar llevando a cabo una campaña deliberada y organizada de intimidación contra una mujer que fue sistemáticamente abusada sexualmente por hombres adultos desde los quince años”, manifestó. “Mis verdades no les gustan, por eso hay que silenciarlas”.

Desesperados, sin ser capaces y sin estar dispuestos a responder a los argumentos feministas y socialistas básicos contra el negocio del sexo –a saber, que se ha levantado sobre la base del poder del hombre y del capitalismo, perpetuando ideas misóginas sobre las “necesidades” del hombre y los cuerpos de las mujeres como los objetos para satisfacer esos deseos socializados– sus lobbies recurren a las mentiras y a la calumnia.

Estos grupos intentan hacer pasar las campañas difamatorias por “crítica”, pero son cualquier cosa meno eso, señaló Ekman, la periodista sueca. “Lo que está ocurriendo no tiene nada que ver con la crítica. Recuerda más bien a una revolución cultural maoísta a gran escala”.

“Si eres una destacada feminista, no te escaparás”, continuó. “Si todavía no te han atacado lo harán, o no eres lo suficientemente peligrosa”.

Llevo años escribiendo sobre la industria del sexo y la legislación de la prostitución en Canadá. Los ataques contra mi persona y mi trabajo han sido implacables. En las últimas semanas varios grupos de presión canadienses a favor de este negocio organizaron una importante campaña difamatoria en línea, tachando los argumentos contra la objetivación, explotación y abuso de las mujeres de “fanatismo”, distorsionando intencionalmente mi trabajo y mis opiniones hasta volverlos irreconocibles.

Las acusaciones absurdas e infundadas lanzadas contra mí –”transfóbica”, “putafóbica”, racista y demás–reproducen las utilizadas contra todas las mujeres que desafían el statu quo en este sentido. La intención no es hacer justicia, sino calumniar a las feministas para que sus argumentos puedan ignorarse y descartarse, y también acosar a otros hasta que hagan lo mismo. La única cosa que nunca mencionan es la verdad.

La mujeres que se prostituyen tienen 18 veces más probabilidades de ser asesinadas que la población en general, y los hombres responsables tienen muchas menos probabilidades de ser condenados cuando se trata de una prostituta. En Canadá las mujeres indígenas están sobrerrepresentadas en la prostitución y, en general, sufrenmayores niveles de violencia que las mujeres no-indígenas. La legalización ha demostrado no ser una solución para la explotación, la violencia y el abuso.

Estos individuos y grupos cooptan las luchas de las personas marginadas para defender una industria multimillonaria que cada año se cobra la vida y la humanidad de miles de mujeres y niñas en todo el mundo. Para impedir que quienes manifiestan su desacuerdo amenacen sus intereses con palabras y argumentos, recurren a tácticas poco limpias para silenciar a escritoras y periodistas feministas independientes. Identifican nuestras palabras como “violencia” pero no hacen nada para luchar contra los responsables de la violencia real. Estos grupos nunca han participado en ninguna campaña pública contra un maltratador, nunca han presentado una demanda solicitando el despido de un putero violento, nunca han llamado “fanáticos” a quienes fuerzan a las niñas a prostituirse en burdeles o en las calles. Sus objetivos no son el capitalismo corporativo o los traficantes de sexo, tampoco los reyes del porno o los dueños de los burdeles maltratadores. No. Sus objetivos son las feministas.

En su ensayo “Liberalism and the Death of Feminism” [“Liberalismo y la muerte del feminismo”], MacKinnon escribió que “una vez hubo un movimiento feminista”: un movimiento que entendió que criticar prácticas tales como la violación, el incesto, la prostitución y el abuso no era lo mismo que criticar a las víctimas de esas prácticas. “Era un movimiento que sabía [que] cuando las condiciones materiales descartan el 99% de tus opciones, no tiene sentido llamar al 1% restante –lo que haces– tu elección”. Escribió estas palabras hace 25 años y aún seguimos librando las mismas batallas. Pronunciarse hoy contra los sistemas patriarcales significa que tu medio de vida se verá amenazado, así como tu credibilidad y tu libertad para hablar.

No puedes pretender ser progresista y manifestarte en contra de la democracia. No puedes pretender ser feminista y apoyar el silenciamiento de las mujeres. Este nuevo macartismo no nos liberará. Nos deja en manos de quienes quieren nuestra desaparición.

NEW WOMEN LIBERATION.   LA NUEVA LIBERACIÓN FEMENINA.

Meghan Murphy es una escritora y periodista de Vancouver, Columbia Británica. Su página web es Feminist Current.
Truthdig.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sara Plaza.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/page3/the_sex_industrys_attack_on_feminists_20150529

“Hacia una teoría crítica de la prostitución”


Recopilación de ponencias de las “Jornadas Junt@s por una Europa libre de Prostitución” y “de las jornadas de “Trata de mujeres en la puerta de al lado”

Doctora en Filosofía Ana de Miguel, y autora de La Prostitución de mujeres, una escuela de desigualdad humana . Aquí la ponencia completa con el mismo nombre.

Rocío Nieto, Presidenta y Directora de APRAMP (Asociación para la prevención, reinserción y atención de la mujer prostituida).

Pilar Aguilar, investigadora, ensayista y crítica de cine. Socióloga de formación, sus análisis, basados siempre en el imperativo feminista analiza la imagen de la mujer y de la prostitución en el cine. Para ella el cine es tanto un elemento socializador y perpetuador de comportamientos como un reflejo de la sociedad machista y patriarcal en que vivimos.

Soledad Muruaga, psicóloga y activista feminista por la Salud Integral de las mujeres, especialmente por la Salud Sexual y Reproductiva.

Susana Ros, portavoz de la comisión de igualdad por el partido socialista de Castellón

Beatriz Gimeno, escritora, periodista y activista social feminista

Alicia Miyares es doctora en Filosofía y profesora en esta materia.

Erik Pescador,  Red de Hombres por la Igualdad

Amelia Valcarcer, filósofa e investigadora, en agosto de 2006, le fue concedida la medalla de Asturias en su modalidad de plata, en reconocimiento tanto a su labor en el pensamiento feminista español, como a su lucha por la igualdad y “arriesgados planteamientos en el mundo de las ideas”, así como por su comprometida dedicación al mundo de la docencia e investigación1