La Mentira de la Pornografía


Todo tipo de pornografía tiene un mensaje básico, desde los residuos que vemos en todas partes, hasta la pornografía ‘”artística” que los intelectuales llaman erótica, hasta las revistas de porno infantil que venden por debajo del mesón, hasta las suaves, brillantes revistas de “entretenimiento” para hombres. El mensaje que toda pornografía lleva es este: ella quiere; ella quiere ser golpeada; ella quiere ser forzada; ella quiere ser violada; ella quiere ser brutalizada; ella quiere ser lastimada. Esta es la premisa, el primer principio, de toda la pornografía. Ella quiere que estas cosas despreciables les sean hechas. A ella le gusta. Le gusta que la golpeen y le gusta que la lastimen y le gusta que la fuercen.

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Mientras tanto, a lo largo de todo el país, mujeres y niñas están siendo violadas y golpeadas y forzadas y brutalizadas​. La policía cree que ellas querían. La mayoría de la gente a su alrededor cree que querían. “¿Qué hiciste para provocarlo?”, se le pregunta a la esposa golpeada una y otra vez, para cuando finalmente se atreve a pedir ayuda o protección. “¿Te gustó?”, pregunta la policía a la víctima de violación. “Admite que en el fondo querías”, urge el psiquiatra.  “Fue la energía que emitías” dice el gurú. Hombres adultos declaran que sus hijas de ocho, diez o trece años los sedujeron.

La creencia es que la mujer quiere ser lastimada. La creencia es que a la mujer le gusta ser forzada. La prueba de que quiere esta en todas partes: la forma en que viste; la forma en que camina; la forma en que habla; la forma en que se sienta; la forma en que esta de pié; ella estaba afuera de noche; ella invitó a un amigo a su casa; le dijo hola al vecino; abrió la puerta; miró al hombre; un hombre le preguntó la hora y ella se la dijo; ella se sentó en la falda de su padre; ella le hizo una pregunta sobre sexo a su padre; ella se subió a un auto con un hombre; se subió a un auto con el mejor amigo de su padre o su tío o su profesor; ella coqueteó; ella se casó; ella tuvo sexo con un hombre y la vez siguiente dijo que no; ella no es virgen; ella habla con hombres; ella habla con su padre; ella fue a ver una película sola; ella caminaba sola; ella fue de compras sola; ella sonrió; ella está durmiendo sola en casa, el hombre fuerza su entrada y aún así la pregunta es formulada, “¿te gustó?, ¿dejaste la ventana abierta con la esperanza de que alguien entrara?, ¿siempre duermes desnuda?, ¿tuviste un orgasmo?”. Su cuerpo está lastimado, ella está desgarrada y siente dolor, y aún así la pregunta persiste: ¿lo provocaste?, ¿te gustó?, ¿es lo que siempre quisiste y soñaste? Sigues diciendo que no. Trata de probar que no. ¿Esas heridas? A las mujeres les gusta que les den duro un poco. ¿Qué hiciste para incitarlo?, ¿cómo lo provocas?, ¿te gustó? Un novio o un esposo o un padre o incluso, a veces, una mujer amante, creerán que ellos habrían podido resistirse -de haber realmente querido resistirse. Seguramente ella realmente quería –sí es que sucedió.

¿Qué era lo que quería? Ella quería la fuerza, ser lastimada, el daño, el dolor, la humillación. ¿Porqué lo quería? Porque es mujer y las mujeres siempre lo provocan, siempre lo quieren, siempre les gusta. ¿Y cómo es que todos cuyas opiniones importan saben que las mujeres quieren ser forzadas y lastimadas y brutalizadas? La pornografía lo dice. Durante cientos de años los hombres han consumido pornografía en secreto -sí, los abogados y los legisladores y los médicos y los artistas y los escritores y los científicos y los teólogos y los filósofos. Y durante esos mismos cientos de años las mujeres no han consumido pornografía y las mujeres no han sido abogadas y legisladoras y médicas y artista y teólogas y filósofas.
Los hombres creen a la pornografía, en donde las mujeres siempre lo desean. Los hombres creen a la pornografía, en donde las mujeres resisten y dicen que no solo para que los hombres las fuercen y usen más y más fuerza y más y más brutalidad. Hasta el día de hoy, los hombres creen a la pornografía y los hombres no le creen a las mujeres que dicen no.
Algunas personas dicen que la pornografía es solo fantasía. ¿Qué parte es fantasía? Las mujeres son golpeadas y violadas y forzadas y azotadas y secuestradas. Los actos de violencia en la pornografía son actos cometidos en contra de mujeres reales y niñas reales. La fantasía es que las mujeres y niñas quieren ser abusadas.
Y entonces aquí estamos para explicar calmadamente -para alzar la voz, gritar, bramar, aullar- que las mujeres no lo quieren, ni hoy, ni mañana, ni ayer. Nunca lo vamos a querer y nunca lo hemos querido. La prostituta no quiere ser forzada y lastimada. La ama de casa no quiere ser forzada y lastimada. La lesbiana no quiere ser forzada y lastimada. La joven no quiere ser forzada y lastimada.
Y porque en todas partes en este país, diariamente, miles de mujeres y niñas están siendo brutalizadas -y esto no es una fantasía; cada día mujeres y niñas son violadas y golpeadas y forzadas- jamás aceptaremos otra vez cualquier descripción que se haga de nosotras cuyo primer principio, su primera premisa, sea que deseamos ser abusadas, que disfrutamos ser lastimadas, que nos gusta ser forzadas.
Por eso luchamos contra la pornografía donde sea que la encontramos; y lucharemos contra quienes la justifican y quienes la hacen y quienes la compran y la usan. Y no se equivoquen: este movimiento en contra de la pornografía es un movimiento en contra del silencio -el silencio de las víctimas reales. Y este movimiento en contra de la pornografía es un movimiento por la palabra -las palabras de aquellas que han sido silenciadas mediante fuerza sexual, las palabras de mujeres y niñas. Y nunca, nunca, nos silenciaran otra vez.

Extracto del libro Letters from a War Zone de Andrea Dworkin.

Traducción: Maldita Feminista Radical

La cultura de la violación, por Alda Facio Montejo


Leyendo varios documentos para un artículo que estamos escribiendo mi maravillosa asistente especial, Anya Victoria y yo sobre la tortura sexual contra mujeres, me llamó la atención que en varios documentos, antes de describir el fenómeno de la tortura sexual, se hablaba de que ésta se daba en una cultura que las y los autores llaman “rape culture” es decir, una cultura de la violación en la que no solo se tolera la violación sexual, sino que se promueve de muy distintas formas.

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Esta cultura se fundamenta en un conjunto de creencias que fomentan la agresión sexual masculina y apoyan la violencia contra las mujeres. En este tipo de culturas la violencia es entendida como sexy y la sexualidad como violenta. En una cultura de violación tanto hombres como mujeres asumen que la violencia sexual es un hecho de la vida, natural e inevitable. En esta tipo de culturas, las mujeres vivimos un continuo de violencias que van desde “piropos callejeros” pasando por comentarios sexuales, acoso u hostigamiento sexual en la calle, el trabajo o lugar de estudio, tocamientos sexuales, abusos sexuales y muchos más hasta llegar a la violación sexual en sí. Paradójicamente, uno de los elementos que conforman el delito de la violación sexual en todo el mundo es precisamente la falta de consentimiento de la víctima pero en las culturas de violación, que existen en todo el mundo, donde se tolera la violencia física, emocional y psicológica contra las mujeres como norma, este elemento del delito es generalmente dejado de lado.

Esta subcultura patriarcal que estoy llamando “cultura de la violación sexual” incluye bromas, canciones, telenovelas, publicidad, jerga legal, leyes, decisiones judiciales, palabras e imágenes que hacen que la violencia contra las mujeres y la coerción sexual parezcan tan normales que la gente cree que la violación es inevitable.

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En lugar de considerar la cultura de la violación como un problema que tenemos que solucionar, transformando esa cultura, las personas en una cultura de violación piensan que la violación es parte de la sexualidad masculina y por ende natural. Sin embargo, sabemos que muchas de las expresiones de valores, actitudes, prejuicios y estereotipos patriarcales que habían sido entendidos como inevitables, como por ejemplo que las mujeres podemos estudiar sin volvernos estériles, las hemos logrado cambiar.

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En varios de los documentos que hemos estudiado, me llamó sobremanera el descubrimiento que han hecho investigadoras/es diversas/os de que mientras la palabra ‘violador’ no apareciera en los cuestionarios que las y los investigadores utilizaron, los hombres se sentían cómodos respondiendo ‘sí’ a preguntas como: ‘¿Alguna vez ha tenido relaciones sexuales con una mujer adulta sin su consentimiento? o ¿Alguna vez amenazó con usar la fuerza física para lograr tener relaciones sexuales con una mujer? o ¿Ha tenido relaciones sexuales con una mujer que estaba demasiado ebria para saber qué estaba pasando? Y otras preguntas parecidas. El que estos hombres aceptaran que han cometido el delito de violación sin darse cuenta que eso era lo que estaban haciendo refuerza mi idea de que en una cultura de violación, los encuestados no saben que en esas preguntas estaba implícita una descripción del delito de violación sexual. Estos hombres que admitían haber tenido relaciones sexuales no consensuadas ni siquiera trataron de justificarse afirmando que se había producido un malentendido. Al contrario, sabían muy bien que sus víctimas no estaban dispuestas pero se creían con derecho a ejercer su sexualidad masculina sobre ellas.

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La ex actriz porno S.L. siendo violada de verdad en una escena no consensuada

Me parece que de estas respuestas podemos deducir que el problema con estos violadores es que viven en una cultura diseñada con muchísimo dinero por la industria del sexo que la fomenta en el cine, los chistes, la televisión, la pornografía, la glorificación de la prostitución y hasta por aquí en Facebook.

Alda Facio Montejo