Expertos apuntan al uso de pornografía como causa del incremento de casos impotencia, disminución de la libido e insatisfacción sexual


Consumir porno en exceso y durante largo tiempo aumenta el riesgo de sufrir impotencia, disfunción eréctil y disminución de la libido en ambos sexos.

Especialistas advierten que cada vez hombres más jóvenes llegan a sus consultas con problemas de impotencia sexual y erección relacionados con el uso de pornografía.

Esto no es nada nuevo, Japón lleva años sufriendo las consecuencias, y una encuesta reciente sobre sexualidad  en el Reino Unido muestra que allí está ocurriendo lo mismo, algo que se sospecha que está pasando también en el resto de países aunque no se han hecho estudios en la materia, principalmente porque no interesa ir contra esta industria multimillonaria que tiene millones de adictos.

Muchos expertos llevan años advirtiendo de que la pornografía está causando impotencia en muchos hombres jóvenes, y no solo el porno, ya que éste ha dado el salto a la cultura en general, es el modelo único e imposible de belleza (especialmente el de mujer) que fomentan absolutamente todos los medios desde el telediario al cine (“El mito de la belleza” y “ La adicción a la pornografía”, de Naomi Wolf), que hace que los hombres aprendan desde críos a excitarse con un solo e inalcanzable modelo de mujer esculpido a base de photoshop y cirugía estética, y que las mujeres odien sus cuerpos y se sientan inseguras por no encajar en ese modelo, y por tanto disfruten menos del sexo.


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Una investigación médica publicada en Psychology Today, reveló que un gran número de jóvenes que consumen pornografía desde la adolescencia padecen disfunción eréctil al llegar a los 25. La rehabilitación no se logra con pastillas sino con dejar el porno por un buen tiempo, o indefinidamente.

Consumir porno en abundancia puede terminar haciendo “cortocircuito” en los canales cerebrales del placer, producto del exceso de imágenes de sexo que se van acumulando, y causar el descenso de la libido, la ausencia del deseo e incluso disfunción eréctil.

La investigación, realizada por la Asociación de Andrología y Medicina Sexual italiana, reveló que los jóvenes que consumen pornografía con regularidad desde la adolescencia, o incluso antes (con Internet la edad de comienzo de visionado de porno se ha reducido hasta los 10 años, y por debajo), tienden a padecer disfunción eréctil y pérdida de deseo cuando rondan los 25.

Al parecer la causa no es tanto psicológica como fisiológica. Según explica Carlo Foresta, director del estudio, en la revista, los usuarios de pornografía, tras muchos años de consumo, terminan por dormir la respuesta natural de su cerebro a la estimulación sexual, en su página se pueden leer algunos artículos relacionados.

El placer sexual nace en el cerebro, cuando se segrega una sustancia llamada dopamina (que se activa ante la novedad, la sorpresa o la ansiedad) y ésta provoca a su vez el deseo sexual y, por tanto, la erección. Sin embargo el estudio sostiene que si el cerebro está acostumbrado a la estimulación a través del porno, la respuesta se va haciendo cada vez más difícil pues las imágenes eróticas cada vez son menos emocionantes y menos sorprendentes.

Por este motivo la disfunción eréctil provocada por el abuso de la pornografía es difícilmente solucionable con pastillas, ya que éstas actúan directamente sobre el sistema cardiovascular (potenciando el flujo de sangre en el pene), pero no sobre la segregación de dopamina.

Rehabilitación sexual. Pero no hay que alarmarse, la solución es relativamente sencilla. Basta con dejar de lado el porno y en unos tres meses, o definitivamente si se prefiere, y se conseguirá una respuesta sexual natural. El estudio demuestra que el proceso de recuperación es sorprendentemente similar en la mayoría de los afectados. Durante los primeros días de ‘abstinencia’ suelen experimentar fuertes deseos sexuales pero después su libido desciende y experimentan la apatía durante unas semanas. En la siguiente fase, poco a poco, comienzan a aparecer las erecciones matutinas y ocasionales y el deseo se va recuperando paulatinamente, hasta que son capaces de mantener relaciones sexuales sanas y plenas con una pareja real.

La escritora feminista Naomi Wolf dio cuenta de este fenómeno ya en 2005 con su libro “El mito de la belleza”, al que siguieron artículos como  “La adicción a la pornografía”, en el que indicaba que muchos terapeutas y consejeros sexuales estaban comenzando a asociar el incremento del consumo de pornografía en hombres jóvenes con un aumento de casos de impotencia y eyaculación precoz en ese mismo grupo de edad.

“Para muchos hombres  las mujeres reales se han convertido en una especie de porno malo”, asegura Naomi Wolf.

Los expertos que entrevistó adelantaban la tesis de que la pornografía estaba insensibilizando de forma progresiva la sexualidad de los hombres que la consumían frecuentemente, por lo que necesitaban unos niveles de estimulación cada vez más altos para lograr la satisfacción sexual.

Y no solo la líbido de los hombres se está viendo afectada por la pornografía, los estereotipos que muestra el porno afectan también a las mujeres, que pueden sufrir problemas de autoestima porque no tienen las medidas consideradas perfectas por el porno (delgadez extrema, silicona, etc), o porque se ven obligadas a experimentar prácticas sexuales que no quieren. “Los hombres esperan que su pareja sea capaz de hacer todo tipo de prácticas y posturas como si por el hecho de que lo diga el porno le tuviera que gustar a todas, o como si la relación fuera una clase de gimnasia y no una forma de intimidad, una relación sexual natural”.

Investigaciones posteriores como la del andrólogo Carlo Foresta han demostrado que efectivamente la adicción al porno funciona como cualquier otra en la que el sistema de recompensa del cerebro necesita cada vez más para alcanzar el mismo grado de bienestar (al igual que ocurre con la cocaína o con el juego). Este efecto explica además por qué los consumidores de pornografía avanzan desde contenidos suaves hacia imágenes cada vez más duras y extremas.

Como la pescadilla que muerde la cola, el consumo compulsivo de pornografía no sólo provoca la infraestimulación de la dopamina, si no que conlleva una imagen del sexo totalmente falsa. Huelga decir que lo que muestran las películas pornográficas no se corresponde con las relaciones sexuales de la gente de a pie, pero quienes han desarrollado su sexualidad viendo ese tipo de secuencias  se ha creado una imagen desvirtuada. Esto provoca que, cuando mantienen relaciones con una persona y no se corresponden con lo aprendido en Internet, se frustren y no disfruten.

Poco a poco el círculo se va cerrando y los casos más graves prefieren quedarse delante de la pantalla del ordenador masturbándose antes que meterse en la cama con un compañero de juegos de carne y hueso. Para algunos, el sexo en Internet se ha convertido en una especie de droga, que a menudo les lleva a poner en un segundo plano todos los otros aspectos de su vida.

Un estudio de la universidad de Granada llevado a cabo por la investigadora Kimberly Young, asegura que la adicción al sexo en Internet es un problema: “Las conductas con el tiempo, se vuelven más frecuentes, más extremas o ambas cosas, avanzando desde el descubrimiento hasta la experimentación, la escalada, la compulsión y finalizando en la desesperanza”, según Young.

La psicoterapeuta Wendy Maltz, experta en sexualidad y coautora de “Las trampas del porno” (The Porn Trap). En esta entrevista de radio traducida al español, explica por qué mucha gente sufre frustraciones y ve afectada su vida sexual viendo pornografía. El no poder llevar a la vida real las escenas del porno con mujeres perfectas, sumisas y dispuestas a todo en cualquier momento, es la principal razón de fracaso o incluso perdida de una relación plena.

El porno es la guía educativa de los hombres para saber todo sobre el sexo, pero lo que les enseña es irreal, ficticio, y debido a su uso masivo no es extraño hallar trastornos relacionados con su consumo. “Es muy fácil acceder a estos materiales actualmente y la gente está viviendo sus experiencias sexuales con base en este fenómeno”, afirma Maltz. Por eso, es alarmante que los adolescentes, al tener fácil acceso a este tipo de material las 24 horas, aprendan a ver y vivir su sexualidad de esa forma. “Se identifican con ese modelo y piensan que de eso se tratan las relaciones sexuales”.

Además de deformar el sentido de la sexualidad, la pornografía puede convertirse en una adicción. Según los expertos, el uso excesivo de este material afecta el cerebro del individuo, pues se crea un mecanismo de defensa que disminuye la sensibilidad a la dopamina, hormona vinculada al placer en las personas, y se genera dependencia. “Internet ofrece estimulación infinita y novedad constante con un solo clic. Los jóvenes pueden tener de 10 a 20 ventanas abiertas al mismo tiempo, se detienen y se devuelven a la parte que les gusta de cada una”, señaló Gary Wilson, psicólogo experto en la adicción al porno y fundador de la página web yourbrainonporn.com. De esa forma, se llega a un punto en el que la búsqueda de novedad y material impactante se vuelve necesaria para obtener placer. Por eso, hay casos en los que una persona no puede llegar al orgasmo con su pareja si no tiene el estímulo del porno.

Martin Daubney es periodista, actualmente escribe para el Telegraph y el Daily Mail, aunque durante muchos años fue editor de la revista masculina Loaded en la que aparecían mujeres con poca ropa. Sin embargo, su opinión sobre todo este mundo ha dado un vuelco de 180 grados a raíz del documental Porn on the brain que le encargaron realizar para la BBC sobre la influencia de la pornografía de internet en los adolescentes, y su influencia en sus vidas cotidianas. El documental le trastocó la vida y le abrió los ojos a una realidad oculta para la mayoría. Ahora es un activista contra la pornografía.

En el diario Daily Mail cuenta su experiencia tras este documental. “Este experimento me convenció de que la pornografía online es la mayor amenaza a la que se enfrentan los niños hoy en día”, asegura.

Si crees que tú o tu pareja tienen un problema de adicción, o un problema de impotencia relacionado con el consumo de porno,“no recomendamos acudir a un sexólogo”, ya que la mayoría, más que solucionar este tipo de problemas, los fomentan. En su lugar, sugerimos acudir a un/a profesional de la Psicología experto en adicción al sexo con experiencia, así como acudir al urólogo en el caso de impotencia y disfunción eréctil.

Otras fuentes y material recomendado:

– Charla para TED del Psicólogo Gary Wilson, sobre porno y neurociencia (subtítulos en español). Más info en su web: http://yourbrainonporn.com/

– Documental dela BBC Porn on the Brain (inglés).

-Artículo del Psicólogo Leon F. Seltzer, Ph.D.

5 pensamientos en “Expertos apuntan al uso de pornografía como causa del incremento de casos impotencia, disminución de la libido e insatisfacción sexual

  1. ¿Porqué dicen que los sexólogos fomentan estos problemas en lugar de resolverlos? ¿Cuál es la fuente? Quisiera saber más al respecto. Gracias, interesante la nota.

    • La fuente son psicólogos y psicólogas pioneros en tratar la adicción al sexo, que nos comentan que pacientes que presentaban una fuerte adicción al sexo son muchas veces alentados por sexólogos que recomiendan su consumo y quitan importancia a los efectos nocivos de la pornografía. No serán todos, pero un gran número de ellos fomentan la adicción en lugar de tratarla. Desde luego no son las personas adecuadas para tratar una adicción/trastorno del comportamiento. El especialista adecuado para estos casos es un psicólogo/a, y no uno cualquiera, sino uno especializado y con experiencia en tratar esta adicción.

  2. Y tenéis toda la razón en no recomendarlos, para adicciones y trastornos de la conducta siempre es mejor un psicólogo, y como decís, especialista en ese campo

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