COGER ACORDE AL SISTEMA


 COGER ACORDE AL SISTEMA

La primera vez que entré a una página porno, más que por calentura, fue por curiosidad. Después de enterarme que mi novio del momento lo hacía, y de charlas con amigas de las cuales me iba sintiendo que yo era la que peor garchaba del grupo, quise entrar a ver la posta: cómo lo hacían los profesionales.

Me encontré con padrastros castigando hijas desobedientes. Taxistas aprovechándose de pasajeras sin suficiente efectivo. Jardineros seduciendo MILFS en la cocina. Colegialas dispuestas a todo para aprobar un examen. Madres enseñándoles cómo chupar pija a las hijas. Doctores abusando de pacientes inexpertas. Adolescentes que pensaron que estaban en un casting de modelos.

Un mundo en donde el sexo no era nada parecido al que teníamos nosotrxs, lxs mortales. Y, si bien yo había escuchado hasta el cansancio que “el porno era una fantasía” y sabía que no era así como lo hacía todo el mundo; entendí que eso era lo ideal, con lo que fantaseaban todos (mi novio inclusive), la mejor manera de hacerlo.

Pero el problema no era intentar copiar y probar lo que creía como “mejor”, sino que eso que se me mostraba como mejor eran prácticas mecánicas, cosificadoras, violentas y misóginas: mujeres objeto, con tetas de plástico, uñas esculpidas y tangas tipo hilo dental que escondían depilaciones perfectas; mujeres que estaban ahí para complacer a un hombre, en posiciones una más ridícula e incómoda que la otra, muriéndose de placer ante el más mínimo roce, relamiéndose y sonriendo cuando les acababan en la cara (momento en que la escena llegaba a su fin).

Representaciones que me enseñaron a coger acorde al sistema, donde mi placer estaba regulado por normas, mi cuerpo objetivizado y sometido a juicio, y mi preocupación más cercana a mi aspecto que a mi placer.

Queriendo parecerme al modelo, creyendo que así gustaría más, presté mucha atención en una charla donde una amiga nos quiso enseñar a las demás una técnica para abrir la garganta con el objetivo de que la pija entrase más adentro, porque a los tipos les gusta cuando te atragantás. Una fantasía que el porno alimentaba en sus sesiones de face fucking: esas en las que una chica con ojos llorosos es cogida por la boca (donde muchas veces termina vomitando y siendo obligada a comerse su propio vómito).

Lo clave de esos vídeos (y en realidad casi todos los del porno mainstream) es que las mujeres cumplen un rol pasivo que, en realidad (de esto me di cuenta después), no existe: si hay dos o más personas participando de una relación sexual, ¿por qué no pueden ser los dos activos? ¿el sexo oral (o cualquier otra práctica) no puede ser disfrutable por ambas partes?

La pornografía despoja al sexo de la seducción y del deseo, y lo vuelve una mera cuestión de un pito adentro de algún agujero. Pone el eje de nuestro placer en un pene (grande y erecto), y delega al hombre la responsabilidad de nuestros orgasmos.

Me costó mucho darme cuenta que el sexo era mucho más que eso. Que los juguetes no “reemplazaban otra cosa” porque no existía una forma de obtener placer que fuera más válida que otra. Y que todos los chistes y comentarios sobre el tamaño -como los que hacían, muchas veces, mis amigas-, eran una competencia que sólo contribuía a naturalizar más el falocentrismo, atacando la seguridad del hombre asociando algo tan inmodificable como el tamaño de su pija, con la posibilidad de brindar placer. Cuando, en realidad, si el tamaño afectaba la relación sexual era porque previamente había afectado la cabeza de los involucrados.

Un poco lo mismo que pasaba -y pasa- con la virginidad (femenina, claro): se convirtió un concepto machista de posesión y dominancia, que consiste en sacarle algo a la mujer. Su cuerpo, su vida sexual, su placer, su inocencia. El hombre la desvirga y la hace suya. El sexo oral, la masturbación mutua, o la penetración anal no son consideradas formas de desvirgarse: esto está exclusivamente relacionado con la penetración pene-vagina, concepto que sostiene la familia patriarcal.

Tiempo después, entre amigos, admití haber mandado fotos desnuda por whatsapp. Algo que hice hace muchísimo tiempo y que ni siquiera disfruté tanto. Yo en realidad aspiraba ser una fantasía para otra persona y, por fuera de las inseguridades que me atacaban cuando realizaba otras prácticas, jugando a ser una femme fatale en fotos me sentí más segura. Una manera de tener el control y a la vez convertirme en eso que los hombres deseaban. Pero las respuestas de mis amigos, en gran parte, fueron “¿y no te da miedo que se viralice?”.

Una pregunta que no me surgió al momento de mandar la foto (supongo que un poco por desinformación), pero que tampoco me hice cuando mandé audios o mantuve otro tipo de conversaciones online. Porque, en general, uno no está esperando que lo invadan en espacios privados, cualquiera sea su índole. Sin embargo, cada vez que hay casos de famosas o vídeos porno que se hacen virales, saltan preguntas como “¿por qué lo hizo si no quería que la vieran?” en boca de gente que juzga la vida sexual de la mujer en lugar de preguntarse si está bien compartir una foto, aún cuando eso va en contra de los deseos de la protagonista. Como si ellas fueran las culpables de que otros no hayan respetado su intimidad.

La sociedad, en vez de indignarse o hacer un tratamiento crítico, es parte de tal viralización. Un contenido que rankea fuerte en páginas porno: vídeos el de Florencia Peña y otras famosas, “castings” de chicas a las que les prometen no subir los videos, porno amateur de parejas que se filman y luego se viralizan, o que un tercero filma a escondidas. La gracia está en mirar algo que no está dirigido al ojo público; otra vez, se violentan los deseos de la mujer en cuestión.

Sé que no todo es culpa de la pornografía, y que ésta sólo reproduce ideas ya instaladas. Pero es una industria millonaria y capitalista que no cuenta con la regulación adecuada, y que forma parte de una cadena de consumo que involucra la explotación, la trata, la prostitución, y más formas de violencia. Una industria global que intercambia los cuerpos por ganancia.

Y no sólo le vende fantasía a su público, sino a quienes trabajan en ella. En su mayoría, chicas que (como muestra el documental Hot Girls Wanted) no estaban al tanto que sólo subsisten en el negocio dedicándose a fetiches particulares y trabajos duros; que le monto que ganan no es tanto, -teniendo en cuenta grandes gastos en manicura, depilación, peluquería, vuelos, alquiler, etc-; ni que el alcance que tienen es tal que hace que, al cabo de un mes, sus padres ya se hayan enterado de su trabajo nuevo.

Toda esta desinformación en torno a la sexualidad y al cuerpo me llenó de complejos. Limitó mis decisiones y mi libertad. Me llenó también de sentimientos de culpa, de inseguridad y de humillación. Lamentablemente, me enseñaron que el sexo, la masturbación y, por supuesto, el consumo de pornografía son actos privados que se manejan dentro de una pestaña de incógnito y de los cuales no se habla. O por lo menos no de ésta manera.

Pero yo creo que es necesario hablar para poder destruir las ideas de placer que aprendimos de la pornografía capitalista (que no es otra cosa que la fantasía perfecta del sistema machista en el que vivimos). Porque si bien es cierto que en toda producción pornográfica lo importante lo sexual, eso no quita que las mujeres no podamos ser tratadas y retratadas como seres humanos.

La realidad es que ni a todas las actrices ni a todas las mujeres nos gusta que nos acaben en la cara o estar cien por ciento depiladas. Que escupir no es necesariamente poco sexy. Que las manos, los brazos y las piernas son tan protagonistas como las tetas y el culo. Que no hay una fórmula matemática para llegar al orgasmo. Que las formas de sentir son infinitas. Que la eyaculación masculina no es necesariamente sinónimo ni de buen sexo, ni del final del acto. Que las miradas dicen más que las palabras. Que hay una manera de ejercer la vida sexual sin tiempos, ni límites, ni etiquetas.

 

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Manuela Martinez

10 FAMOSAS EXESTRELLAS DEL PORNO REVELAN LA CRUDA REALIDAD TRAS SUS ESCENAS MÁS CONOCIDAS


10 FAMOSAS EXESTRELLAS DEL PORNO REVELAN LA CRUDA REALIDAD TRAS SUS ESCENAS MÁS CONOCIDAS



Nota: algunos lectores pueden encontrar esta entrevista demasiado gráfica y/o perturbadora.


    Hay mucha gente que cree el porno es un entretenimiento inofensivo y que las estrellas del porno son diosas insaciables, tal como se las representa. A pesar de la abrumadora cantidad de documentos y experiencias personales que exponen la cara más oscura de la industria del porno, muchos aún compran la idea de que es un buen trabajo. Mucha gente tiene la misma forma de pensar que este chico que se puso en contacto con nosotros vía Facebook:


(Sois tontos. Buscaos un hobby que incluya meteros en vuestros asuntos, jaja. El porno no hace daño a nadie. No violan ni dañan ni abusan de nadie en los rodajes, y la gente hace porno porque quiere. Madurad de una puta vez).

    
 “El porno no hace daño a nadie” “lo hacen porque quieren”. Esta es la percepción que mucha gente tiene sobre la pornografía. Sin embargo, la percepción no siempre es la realidad. El hecho es que la industria del porno está estrechamente unida a la violencia, las drogas, la coacción y las enfermedades. Y mientras las estrellas del porno en activo raramente hablan, si es que lo llegan a hacer debido al miedo de no tener trabajo o ser discriminados/as, la mayoría de ellos/as acaban hablando sobre sus propias experiencias una vez que dejan el porno. Estas experiencias nunca son agradables. 

     Mira La Historia de Jessica-Mi vida como estrella del porno

    



Para acabar con esa idea glamurosa y sexy que mucha gente tiene del porno, hemos reunido a diez exactrices porno que nos contarán nauseabundas anécdotas de aquellos tiempos. 
     Se recomienda prudencia en esta lectura: hemos hecho lo posible para reproducir extractos de las conversaciones no demasiado explícitos para preservar la extrema naturaleza de las historias. A pesar de eso, puede que haya quien los encuentre gráficos, perturbadores o irritantes.


  
    ALEX


alex   “(Una película en particular) fue la más brutal, deprimente y escalofriante que he rodado en la vida. He intentado borrarla de mi memoria debido al abuso severo que recibí durante el rodaje. El actor principal tiene un odio natural a las mujeres, en el sentido de que es conocido por ser más bruto de lo necesario. Accedí a hacer la escena, pensando que no recibiría más que algún golpe. Si la veis, os daréis cuenta de que durante el rodaje él lleva un anillo de oro y me pegaba puñetazos en la cabeza todo el rato. Tuve que parar la escena a mitad del rodaje porque me dolía muchísimo.”


     Nota de FTND: en nuestra investigación vimos que la obscenidad de la película provocó que el distribuidor no publicara más películas de ese estudio. Una crítica escrita en una famosa web porno decía que la película era una de “las más repugnantes películas que he visto” y “es el tipo de película que el gobierno citaría cuando arrestan a un pornógrafo o si trataran de prohibir la pornografía”.


   
   ALEXA


alexa      “Como la mayoría de estrellas del porno, perpetué esta mentira. Una de las cosas que más me gustaba decir cuando me preguntaban si me gustaba hacer una escenca en concreto, decía: “yo solo hago lo que me gusta, no lo haría si no me gustara” (decía esto con una enorme sonrisa fingida). ¡Menuda patraña! Hacía lo que tenía que hacer para conseguir “trabajo”. Solo hacía lo que sabía que me ayudaría a conseguir fama en ese mundo.



    *Nota de FTND: Vanessa Belmond (su nombre real) no tiene pelos en la lengua cuando habla de la industria del porno y ha sido entrevistada en diversos medios.


   

   JESSI

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     “Fue lo más degradante, horrible y vergonzoso que he vivido nunca. Tenía que rodar un DVD interactivo, que implica muchísimas horas de rodaje, y ¡tenía 40 de fiebre! Lloraba y me quería ir, pero mi agente no me dejaba, decía que no me iba a dejar echarme atrás. Me forzaron a hacer una escena con un actor que yo tenía vetado, pero quería agradarles así que la hice. Él me pisó la cabeza, me asusté mucho y empecé a llorar y a chillar; pararon el rodaje y me mandaron a casa pagándome menos de lo acordado porque no había rodado la escena completa”.


ANDI

andi     “Después de más o menos un año de esa vida tan “glamurosa”, descubrí con tristeza que las drogas y la bebida eran parte de ese estilo de vida. Empecé a beber y a salir de fiesta a lo loco – cocaína, alcohol y éxtasis era lo que más me gustaba. Al poco tiempo me convertí en una persona que no quería ser. Después de unas cuantas escenas muy hardcore, ya no podía hacer más. Lo único que recuerdo es que estuve en situaciones horribles y al final pasé por una depresión grave y pasé mucho tiempo sola y triste”.


     *Nota de FTND: Andi dejó el porno en 2010 y se unió a la Fundación Cruz Rosa, un grupo de exestrellas del porno que denuncian públicamente lo dañiña que es la industria. Sin embargo, en 2014 Andi anunció en su cuenta de Twitter que iba a volver a hacer porno y en este momento está en activo.


   REGAN

regan     “Casi me sacan el coño se su sitio… la mayoría de las chicas lloran porque te llegan a hacer mucho daño… no podía respirar. Me estaban pegando y me estrangulaban. Se veía que estaba muy triste pero no paraba, siguieron rodando. Les pedí que apagaran la cámara, pero siguieron”.

     



   ANITA

anita     “He sido actriz durante 14 años hasta el momento en muchos países y estados, casi por todo el mundo. He trabajado para la mayoría de las compañías, y pasé por aquella época en la que casi una vez al mes se descrubía que un actor era seropositivo. Nadie sabe que esos actores tienen VIH, así que no forman parte de la estadística de la enfermedad. Simplemente dejaban la compañía y no se sabía nada, todo el mundo oculta estas cosas. Es muy trágico”.


   ELIZABETH

jan     “Por supuesto que le mentía a mis fans. Les inducía a pensar que vivía una fantasía que estaba muy lejos de la realidad. Simplemente alimentaba sus propias fantasías. Les decía que quería tener sexo a todas horas y les hacía ver que realmente me encantaba lo que hacía y que vivía una vida feliz. Les daba esperanzas sobre sus relaciones diciéndoles lo que hacer. Me empecé a sentir como una doña Nadie pero importante, todos conocían a Elizabeth, la estrella del porno, pero a nadie le importaba lo más mínimo conocer a Jan, que soy yo.
     Tenía que hacer todo lo que el productor quisiera y tenía que acpetarlo sí o sí, de lo contrario no me pagaban, A veces llegabas a una actuación y el productor cambiaba completamente la escena a la que habías accedido por una peor y más intensa, y si no aceptabas simplemente no te pagaban”.

Nota de FTND: Jan Meza (nombre real) acabó dejando el porno y trabaja para la Fundación Cruz Rosa difundiendo los daños de la industria y ayudando a otras actrices a dejar el porno.

   JESSI

jessie     “La gente que trabaja en la industria del porno son insensibles al mundo real, como si fueran zombies. El abuso que se comete en el porno es absurdo. La forma en la que tratan a las actrices jóvenes es vomitiva. Les lavan el cerebro. Yo lo dejé tras una experiencia traumática a pesar de que no trabajé mucho tiempo. Sigo quedando con mucha gente de la industria, y todo el mundo tiene los mismo problemas. Todo el mundo se droga. Es un estilo de vida vacío, y solo tratas de llenar ese vacío. Yo me volví terriblemente adicta a la heroína y al crack. Tuve al menos 3 sobredosis y he recibido varias palizas”.


   JENNA

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     “Me torturaron durante 7 años. Me sentía miserable, sola y al final acabé metiéndome en las drogas y bebiendo, e intenté suicidarme. Sabía que quería dejarlo, pero no sabía cómo”.

     

     *Nota de FTND: Brittni Ruiz (nombre real) acabó dejando el porno y ahora usa su historia para difundir lo nociva que es la industria del porno


   GENEVIEVE

gen     “El abuso y la degradación a la que te someten es muy cruel. Sudaba y me dolía muchísimo. Y encima de tener que pasar por experiencias horribles, me dolía todo el cuerpo y estaba todo el día de mal humor. Al director no le importaba en absoluto cómo estaba, solo quería acabar el rodaje”.


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LA EXPLOTACIÓN NO ES EMPODERAMIENTO

   ¿QUÉ PUEDES HACER TÚ?

     Resalta la parte mala de la industria del porno y haz que todo el mundo sepa que la pornografía no es en absoluto un entretenimiento inofensivo. COMPARTE este artículo.

Traductora: Marina Liñán

Publicado orginalmente en el blog Fight The New Drug (FTND)

http://fightthenewdrug.org/10-porn-stars-speak-openly-about-their-most-popular-scenes/

La guerra a la pornografía en el mundo infantil. Aprendizaje insano.


“¿Por qué los hombres jóvenes que crecieron con la pornografía en Internet se están convirtiendo en partidarios de terminar con ésta?”, pregunta la portada de uno de los recientes ejemplares de la revista Time. En efecto, cientos de voluntarios alrededor del mundo y a través de diversas iniciativas buscan demostrar el daño que la pornografía causa a millones de niños y adolescentes. 


Hoy la pornografía, gracias al acceso masivo de los niños a celulares, tabletas y computadores personales, ha ampliado el rango de edad de sus consumidores. Desde muy pequeños nuestros hijos pueden recibir y mandar imágenes y videos, con contenidos altamente pornográficos. La exposición a este tipo de información tiene efectos negativos muy profundos en la construcción de su autoimagen y en la percepción temprana de cómo deberían enfrentar la intimidad en pareja. 

En Estados Unidos la preocupación se refleja en la cantidad de artículos aparecidos en los medios. La revista Time en sus ediciones de marzo y de abril recién pasado, publicó extensos artículos basados en estudios que demuestran el enorme daño que la pornografía provoca. Peggy Orenstein, autora de varios libros, entre ellos Girls & Sex (Las niñas y el sexo), escribió la columna “Cómo la pornografía está cambiando a una generación de niñas”, y en ésta señala que la industria global de la pornografía, que tiene ganancias que llegan a los 97 mil millones de dólares, solo tiene un objetivo: excitar a los hombres de manera rápida y con eso generar dinero; y para lograrlo degrada a la mujer.

La autora cita un estudio de comportamientos en contenidos de pornografía que arroja como resultado que cerca del 90% de 304 escenas elegidas al azar contenían agresiones físicas hacia las mujeres, quienes casi siempre mostraban placer antes este tipo de trato, respondían de manera neutral y a veces rogaban para que su pareja se detuviera, pero finalmente aceptaban y comenzaban a disfrutar, sin importarles cuán dolorosa o degradante fuera la situación.

Por otro lado, Peggy Orenstein señala que más del 40% de los niños entre los 10 a los 17 años han sido expuestos a pornografía on line, muchos por accidente. Sobre los jóvenes que ya están estudiando en la universidad, señala que la encuesta Generación XXX, realizada a más de 800 estudiantes, confirma que el 90% de los hombres y un tercio de las mujeres habían visto pornografía en años anteriores. En palabras de esta escritora “aunque lo que vean sean escenas no tan explícitas, igualmente los niños están aprendiendo que la sexualidad de las mujeres existe para el beneficio de los hombres”.

El diario The Washington Post publicó a comienzos de abril, un artículo escrito por la socióloga Gail Dines titulado Is porn inmoral? That doesn’t matter: it’s a public health crisis (¿Es la pornografía inmoral? Eso no importa, es un crisis de la salud pública). Ahí Gail Dines, profesora de sociología en el Wheelock College de Boston y escritora del libro Pornland: How Porn has Hijacked our Sexuality (Pornolandia: cómo el porno ha secuestrado nuestra sexualidad), explica por qué se ha convertido en una activista antipornografía.

El trabajo de investigación de Dines ha sido tan profundo e importante que, en parte, gracias a sus hallazgos el estado de Utah aprobó recientemente una declaración que definía el consumo de pornografía como “una crisis de salud pública”. Si bien la medida ha sido criticada en algunos medios, que la consideran fruto de una visión conservadora y moralista de la sexualidad, lo que plantea Dines no tiene nada que ver con la moral, sino con la ciencia. Como primer dato ella señala que el consumo de pornografía ha alcanzado niveles espectaculares: en el año 2013 una investigación demostró que las principales páginas del sector recibían mensualmente más visitas cada mes que Netflix, Amazon y Twitter juntas.

Apoyada en la evidencia científica, Gail Dines enfatiza que “las investigaciones revelan que la exposición y el consumo de pornografía amenazan la salud social, emocional y física de las personas, de las familias y de las comunidades y por eso es un problema de salud pública”. Otro estudio citado por la autora establece la relación del consumo de estos contenidos y la probabilidad de cometer actos de abuso sexual, físico o verbal. Por otra parte, el artículo también consigna el porno vengativo, que se refiere a personas que publican imágenes íntimas de otra persona a la que quieren dañar, muchas veces la ex pareja. Esta práctica, en algunos casos documentados, ha sido causa de suicidio. Como conclusión, Gail Dines recomienda una educación sexual en la familia y en los colegios para hacerle frente a esta distorsionada forma de entender la sexualidad como la supremacía de una persona sobre otra.


INSANO APRENDIZAJE

El doctor Elías Arab psiquiatra de niños y adolescentes de la clínica Las Condes señala que cuando un niño de 11 años ve contenidos eróticos y pornográficos “obtiene una imagen distorsionada de la realidad, al igual que con los video juegos violentos o con una publicidad que presenta a una modelo anoréxica. Piensa que eso es lo normal y si nadie le dice que está mal, pensará que así es la realidad”.

Respecto a cómo los niños percibirán la sexualidad si consumen pornografía, el doctor Arab dice que “estos contenidos distorsionan la sexualidad en todos sus aspectos: primero en lo físico, ya que los cuerpos que ahí aparecen no son reales. Luego, en lo afectivo, porque muestran relaciones sexuales sin vínculos. Por esto, si se aprende la sexualidad a través de la pornografía, su desarrollo posterior será poco sano”.

¿CÓMO PODEMOS EVITAR ESTO?

El doctor Arab insiste en que es muy importante que los papás estén presentes en las actividades de sus hijos en las redes sociales, porque “dejar que un niño de 10 u 11 años navegue libremente con su celular en la web es como dejarlo parado solo en el centro de Santiago, darle plata para la micro y decirle arréglatelas solo. Así de riesgosa es la web y la pornografía que existe ahí”, señala.

Explica que el problema hoy tiene que ver más con la educación que con el medio, por eso se necesitan papás más presentes que enseñen qué es lo sano. “Los niños les hacen caso a los padres si hay un vínculo sólido con ellos; si ese vínculo y esa seguridad no existen, el niño sigue a sus pares y no es capaz de resistir su presión. Es importante que el niño tenga un referente que lo ayude a discernir qué es lo bueno y qué es lo malo. Si no lo tiene, no puede hacer frente a todo esto que está viviendo”.

Consultado frente a qué edad es bueno que un niño tenga un celular propio señala: “Es importante según el tipo de niño y sus conductas, si es un niño que siempre está tratando de traspasar los límites y que tiene conductas riesgosas, es mejor retrasar la entrega de un celular. Sin embargo, lo importante más que el cuándo es el cómo entregárselo: establecer reglas de uso, horarios y tipos de contenidos a los que puede acceder”.

No lo llames porno, llámalo prostitución


Ismael López hace público Escúpelo, un libro en descarga gratuita sobre el lado oscuro del cine X español

 

16/06/2017 – 

 

VALÈNCIA. Lo dice una profesional del medio: “El porno solo se ve súper guay desde fuera”. Es una de las varias actrices que se dedican al cine para adultos y que desfilan por Escúpelo. Crónicas en negro sobre el porno en España, un libro disponible en descarga gratuita en el que el periodista Ismael López relata los cuatro días que pasó en una villa mallorquina durante el rodaje de un casting X. Un texto en el que cuenta lo que filmaron las cámaras, pero también todo lo que sucedía mientras no rodaban, y que además incluye entrevistas personales con la mayoría de asistentes. La aventura de Ismael, sin embargo, empezó mucho antes de llegar a la isla. “A finales de 2014, entrevisté a una actriz porno que todavía no se había hecho muy famosa, Amanda Burroughs”, explica. El nombre, como todos los que menciona en el libro, es falso, una comprensible precaución del autor, pero no es difícil intuir que habla de Amarna Miller. “No tardó en hacerse famosa, lo que le dio bastante repercusión a la entrevista, en la que se mostraba bastante indulgente con temas como el machismo o el abuso sexual”. Poco después, fue portada de un conocido semanario español, donde se le presentaba como La revolución del cine X, un titular muy similar al que la revista había utilizado tiempo atrás con Celia Blanco (La revolución del porno español), su predecesora en el stardom porno con acceso al mainstream. Y Jot Down le hizo otra entrevista a Miller, mucho más amable, donde no quedaba rastro de las alusiones a las condiciones de trabajo de las actrices en Europa del Este o la violencia en los rodajes.

De este modo se introdujo en el mundillo del porno Ismael. No tardó en recibir el encargo de trabajar como redactor en una revista mensual (en el libro, Sex Line) que pretendía aprovechar el tirón de Amarna Miller para publicar columnas de opinión de otras actrices X. Como ellas no tenían los recursos periodísticos necesarios, era gente como Ismael la que escribía, aunque la foto y la firma no fueran las suyas. Así conoció a Siel van Sout, tal como la bautiza en su texto, aunque tampoco es complicado deducir que podría tratarse de Salma de Nora. La colaboración se fue desarrollando con fluidez, hasta el punto de que la actriz le propuso que redactara su autobiografía, siguiendo el modelo del libro escrito por Jenna Jameson, Cómo hacer el amor igual que una estrella del porno (Martínez Roca, 2005), que la estrella americana firmó junto a Neil Strauss. Para que se fuera familiarizando con su entorno y su día a día, Salma (o Siel) invitó al periodista a que asistiera al casting mallorquín.

Cuatro día, cuatro noches

Ismael nunca llegó a escribir la autobiografía, pero la estancia en la isla no ha caído en saco roto. Escúpelo es la prueba. “Nunca me ha interesado la pornografía como consumidor, pero me atraía ese mundo oculto, yo también era víctima de la propaganda”, admite. “En ese sentido, mis relaciones con las actrices siempre han sido muy normales”. Quizá por eso, y porque entendían que estaba allí como invitado y, por tanto, era alguien de confianza, se sinceraron sin problemas cuando les puso la grabadora delante. Y la misma chica que pronunciaba la frase con que se abre este artículo (identificada en el libro como Amalia X) entra en un momento del libro en uno de los asuntos más espinosos relacionados con el cine porno. “Lo de la prostitución es un tema polémico, porque es cierto que se parece mucho una cosa a la otra, pero cada uno con su cuerpo hace lo que quiere”, asegura. “Conozco a muchas compañeras en el porno que son escorts, creo que hay una gran mayoría que trabajan de actriz y prostituta, pero lo ocultan, no lo publican o lo hacen en privado. Imagínate que un tío llega y te paga 1.500 euros para que te lo folles. A lo mejor te lo piensas dos veces, ¿no? Cuando te dan 250 euros por grabar una escena y aparece alguien que te da cinco o seis veces más por un solo trabajo… Yo lo he hecho porque he querido y no me avergüenzo de ello”. De puertas afuera puede que sea un tema tabú, pero dentro parece que todo el mundo lo tiene bastante claro.

La actriz ofrece cifras que no se corresponden con las que cobran las estrellas, precisamente. En otro pasaje del libro, Siel admite que existe la prostitución “y más cosas, y eso que antes no hacía tanta falta, porque se pagaba el doble o el triple por escena y se ganaba bastante. Ahora, con internet, el porno se muere”, explica. Y añade: “Dudo que en España haya alguien que no se prostituya. La que no lo hace por dinero, lo hace a cambio de favores”. Una franqueza que contrasta con la hipocresía de los medios a la hora de afrontar la cuestión. “No hay nada de glamour en abrirse de piernas, de todos modos. Negar lo de la prostitución es un poco estúpido en este trabajo. Aunque te presentes en las galas vestida como una estrella de cine, acabas haciendo lo que haces”, concluye. Ismael está convencido de que no esperaban que se publicaran sus declaraciones. “Oficialmente, ni se asocia una cosa con la otra, incluso está mal visto, porque no se sabe lo que puedes coger fuera”, comenta, en relación con las enfermedades de transmisión sexual.

No es el único tema controvertido que aborda un libro en el que también se menciona (siempre con seudónimo) a personajes que se pueden identificar con María Lapiedra, Torbe,Julia de Lucía, Sara May, Max Cortés, Erika Lust, Carolina Abril o Dinio García. Quizá por eso no ha habido ninguna editorial que se atreviera a publicarlo. “Hubo una importante que editó una novela teóricamente de ficción sobre las irregularidades cometidas por el Comité Olímpico con algunos deportistas (se refiere a Sangre de barro, de Maribel Medina). Me dijeron que mi texto no encajaba en su catálogo, lo mismo que otras editoriales que se dedican al periodismo de investigación. Otra me tuvo seis meses esperando, finalmente perdió el interés y al poco tiempo publicó un libro relacionado con el tema firmado por una presentadora de televisión”.

A lo largo de las cuatro jornadas que pasó en la casa de Mallorca, asistió a varios rodajes donde se combinaban actrices profesionales con actores amateurs (supuestos candidatos a actor porno). Entre una y otra secuencia, les hacía preguntas sobre temas como sus condiciones laborales. El fotógrafo que se dedicaba a filmar las escenas, por ejemplo, admite que “hay que trabajar mucho para que salga rentable pagar impuestos”. A otro experimentado cámara “una productora porno estaba dispuesta a pagarle más de lo que ganaba actualmente si renunciaba a cotizar y a la Seguridad Social”. Y una de las actrices confiesa que estuvo dada de alta como autónoma, pero que ya no. Mientras unas y otros hablan, un tal Pepe Martí, de la revista Sex Line (de nuevo, no es difícil suponer que se trata, presuntamente, del valencianoPaco Gisbert), se dedica a revolotear alrededor de todos ellos, asegurando que “siempre se factura, y si no estás en autónomos tienes un problema gordo”. Por el contrario, Ismael afirma que “todo intercambio económico que he visto en este ámbito ha sido en negro. Esa es mi experiencia personal”. No es la única contradicción entre las declaraciones que graba y lo que contempla en Mallorca. “El porno tiene un componente que hace que creamos que es más realista que el resto de géneros cinematográficos, pero en realidad no es verdad”, trata de explicarle Martí  en otro momento. “Es más realista porque muestra cosas más descarnadas, pero está todo pactado”. Es más realista, de hecho, porque lo que muestra sucede realmente, mientras que en una película de terror se finge (la muerte, la violencia). “Todo está pactado”, subraya. Pero Ismael ve cómo hay que detener una escena porque uno de los actores está llevando al límite a una de las actrices.

Complicidad mediática y pruebas de sangre

Algunas publicaciones para adultos fomentan el negocio del porno porque se nutren de él. Curiosamente, la mayoría de ellas pertenecen al mismo grupo empresarial. “La actriz porno más conocida en estos momentos en España hizo una entrevista en televisión con un famoso comunicador que colaboraba en el mismo periódico que ella, que a su vez pertenece al grupo editorial que sustenta las revistas mencionadas”. De nuevo, prefiere no dar nombres, pero los cabos se pueden atar desde los mullidos almohadones de un sofá Chester. O de un rincón de pensar. Capitalizan gran parte del interés en el porno por parte de los medios convencionales, pero no todo. “Hay otra productora que no tiene nada que ver con ese grupo editorial, pero tiene un montón de conexiones con programas televisivos de contactos y realities donde tiene mucha presencia la gente de la industria del porno y se cita constantemente estas cabeceras periodísticas”. Quien habla de sofás, puede hablar de tronos. Y no precisamente los de la serie de HBO.

Las casi trescientas páginas de Escúpelo dan para mucho. El libro desvela también que muchos de los hombres que participan en los rodajes pagan por hacerlo. “Es prostitución con una cámara delante”, opina Ismael. “De hecho, las escenas que se rodaron en Mallorca nunca salieron a la luz”. Los más ingenuos acudieron convencidos de que en un futuro podrían llegar a convertirse en profesionales del medio. Otros tenían claro a lo que iban. En cualquiera de los casos, hoy en día es casi imposible catalogar el porno como cine. Se sigue rodando porque “para las chicas es una forma de promoción de cara a lo que hagan después con su vida aparte del porno: Escorts, webcamers…” El porno es de acceso fácil y gratuito en internet, donde lo que importa son las inserciones publicitarias que aparecen alrededor de los videos. En cuanto a las habituales menciones a las drogas y los abusos sexuales, no tienen tanto protagonismo, pero el libro deja caer suficientes pistas como para hacerse una idea del panorama. “La sensación que he tenido al conocer a chicos de la industria es que no son muy distintos a cualquier chulo playero de discoteca”, afirma Ismael. También describe unas pruebas médicas de dudoso rigor, basadas en un pinchazo en el dedo para extracción de sangre que después se envía a analizar. Lo sorprendente es que el rodaje se inicia antes de que lleguen los resultados de los tests, sin que a nadie parezca importarle.

En el prólogo de Escúpelo, Irene Riot, de la web Riot and Roll, dice que espera que el libro”abra los ojos a algunos profetas de la izquierda moderna que han abierto los brazos a esta idea tan extraña de libertad y emancipación, y en su abrazo se ha colado toda una serie de oscuros personajes que desde luego poco tienen que ver con un ideario de progreso y justicia social”. La imagen de Pablo Iglesias dando cancha a Amarna Miller o el tratamiento benévolo que recibe Nacho Vidal por parte de los medios, pese a detenciones por malos tratos (2007) o acusaciones de blanqueo de capitales (2012), no contribuyen al optimismo, pero Escúpelo intenta arrojar algo de luz sobre las tinieblas. Está en descarga gratuita por decisión de su autor, que no quiere ganar dinero con él. “Me sabría muy mal lucrarme con esta historia. Me parece que sería cómplice. Lo escribí pensando en esas adolescentes de 18 años que, al enterarse de que conocía gente en el porno, me escribieron para que les facilitara contactos que les permitieran entrar en la industria. Pensaban que era una maravilla”. Algunos periodistas han contactado con Ismael en cuanto el libro ha comenzado a tener difusión, pero no quiere convertirse en un personaje de la historia. “Después de escribir a determinados medios y que me ignoraran, vi que daban voz, precisamente, a los protagonistas del libro. Así que temí que pretendieran usar la publicación como estrategia para crear un circo. Por eso me pasé a la vía independiente”. El texto sigue circulando. Solo el tiempo permitirá calibrar sus consecuencias.

 

Artículo original: http://www.valenciaplaza.com/no-lo-llames-porno-llamalo-prostitucion

El lado oculto del porno en España: Prostitución, trata y violencia sexual


Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España

June 2, 2017

Hemos decidido, después de no poco tiempo de darle varias vueltas y buscar apoyos para la difusión, lanzar un libro en el que se recogen las experiencias de un trabajador de la industria del sexo en España.

Escrito en primera persona con el apoyo de entrevistas y otras fuentes, “Escúpelo” es la historia de un joven periodista que vive en el backstage del cine X, escribiendo para personajes de moda y siendo testigo de los abusos de la industria hacia las actrices y adictos a este modelo de negocio.

El libro reúne entrevistas con varios representantes de peso en el porno, así como la descripción de escenas vistas tras la cámara que no llegan a las pantallas.

Hemos decidido sustituir los nombres reales para no eclipsar el objetivo de la obra, que es ofrecer un relato en el que forméis parte del entorno descrito.

Queremos exponer un negocio corrupto, de economía en negro, drogas, enfermedades de transmisión sexual, influencia política y prostitución. Desde los salones eróticos y las charlas en universidades a los platós de televisión, de la mano de influencers que se convierten en referentes feministas financiadas por empresas que hacen negocio con la desgracia y la necesidad de decenas de mujeres cada año en Europa del Este.

“Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España” nace con la idea de contrarrestar una campaña de desinformación muy rentable en la que solo se muestra la cara más brillante de la moneda.Nace para promover el pensamiento crítico sobre un negocio que cada vez está más cerca de los jóvenes. Nos sorprende como periodistas que, siendo un sector con tantísimo tirón (y visibilidad), los medios de comunicación no se hayan hecho un eco más profundo sobre las irregularidades que permanecen en la sombra. Nos sorprende también que proyectos como este se encuentren con barreras tan grandes para ver la luz.

El porno mueve mucho dinero. Incluso en un estado como el español, el lobby pornográfico tiene un peso importante. Son bastantes los grupos mediáticos que tienen un pie puesto en la industria, ya sea en prensa o con colaboraciones de personas relevantes del negocio. Un análisis crítico, veraz, con argumentos reales, no tiene cabida en el mercado editorial; se nos han cerrado muchas puertas.

 

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Por suerte pensamos que el mundo ha cambiado, y que las ideas son capaces de saltar cualquier barrera.

Tenemos la esperanza puesta en que esto permita hacer decisiones más informadas, tanto a las futuras mujeres captadas por la industria, como a los consumidores. A partir de aquí las conclusiones son vuestras. Podéis ayudarnos a difundirlo.

ACTUALIZACIÓN: aunque podéis descargar el libro en los enlaces de abajo, también hemos habilitado un enlace a wattpad para quienes tenían problemas desde móviles: http://my.w.tt/UiNb/TtDGP5M72D

Este es el fruto del trabajo de casi dos años y la descarga es gratuita. Al ser un trabajo independiente es posible que encontréis erratas o errores de formato, aunque hemos puesto mucho empeño en reducirlas al máximo posible. La autoría del libro y la investigación pertenecen a Ismael López Fauste, el prólogo y las correcciones a Irene Riot.  Este libro es una obra registrada, sin embargo: Tienes permiso para difundirlo, copiarlo, imprimirlo, cortarlo, interpretarlo. No tienes permiso para modificarlo o sacar beneficio económico de su venta.

Habilitamos un enlace también para que aquellos que lo deseen y puedan permitírselo hagan una donación que financie el libro y nos ayude a seguir trabajando:

https://www.patreon.com/escupelo

La cuenta de correo para este proyecto es: escupelolibro@gmail.com Podéis enviar sugerencias, experiencias o proponer cualquier tipo de colaboración.

Aquí abajo encontraréis varios enlaces y formatos en los que podéis descargar la obra completa.

Ebook (dispositivos Kindle)

Google Drive     https://goo.gl/TIOGjj

Dropbox          https://goo.gl/MC3TL7

Mega               https://goo.gl/90SoJY

Ebook (formato Epub)

Google Drive     https://goo.gl/BQIXEr

Dropbox          https://goo.gl/zmPRzS

Mega               https://goo.gl/6MEOj5

PDF (para impresion y pantallas)

Google Drive     https://goo.gl/iBxRZ6

Dropbox          https://goo.gl/V9Nwys

Mega               https://goo.gl/rvybnf

Solo texto (para bloggers y periodistas)

Google Drive     https://goo.gl/MuBwuN

Dropbox          https://goo.gl/PUerkm

Mega               https://goo.gl/MIoae7

¿Cómo puedes abrir archivos EPUB desde tu teléfono?

iPhone e iPad:

Aldiko

https://itunes.apple.com/us/app/aldiko-book-reader/id974117987?mt=8

Android:

Moon + Reader

https://play.google.com/store/apps/details?id=com.flyersoft.moonreader

La Mentira de la Pornografía


Todo tipo de pornografía tiene un mensaje básico, desde los residuos que vemos en todas partes, hasta la pornografía ‘”artística” que los intelectuales llaman erótica, hasta las revistas de porno infantil que venden por debajo del mesón, hasta las suaves, brillantes revistas de “entretenimiento” para hombres. El mensaje que toda pornografía lleva es este: ella quiere; ella quiere ser golpeada; ella quiere ser forzada; ella quiere ser violada; ella quiere ser brutalizada; ella quiere ser lastimada. Esta es la premisa, el primer principio, de toda la pornografía. Ella quiere que estas cosas despreciables les sean hechas. A ella le gusta. Le gusta que la golpeen y le gusta que la lastimen y le gusta que la fuercen.

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Mientras tanto, a lo largo de todo el país, mujeres y niñas están siendo violadas y golpeadas y forzadas y brutalizadas​. La policía cree que ellas querían. La mayoría de la gente a su alrededor cree que querían. “¿Qué hiciste para provocarlo?”, se le pregunta a la esposa golpeada una y otra vez, para cuando finalmente se atreve a pedir ayuda o protección. “¿Te gustó?”, pregunta la policía a la víctima de violación. “Admite que en el fondo querías”, urge el psiquiatra.  “Fue la energía que emitías” dice el gurú. Hombres adultos declaran que sus hijas de ocho, diez o trece años los sedujeron.

La creencia es que la mujer quiere ser lastimada. La creencia es que a la mujer le gusta ser forzada. La prueba de que quiere esta en todas partes: la forma en que viste; la forma en que camina; la forma en que habla; la forma en que se sienta; la forma en que esta de pié; ella estaba afuera de noche; ella invitó a un amigo a su casa; le dijo hola al vecino; abrió la puerta; miró al hombre; un hombre le preguntó la hora y ella se la dijo; ella se sentó en la falda de su padre; ella le hizo una pregunta sobre sexo a su padre; ella se subió a un auto con un hombre; se subió a un auto con el mejor amigo de su padre o su tío o su profesor; ella coqueteó; ella se casó; ella tuvo sexo con un hombre y la vez siguiente dijo que no; ella no es virgen; ella habla con hombres; ella habla con su padre; ella fue a ver una película sola; ella caminaba sola; ella fue de compras sola; ella sonrió; ella está durmiendo sola en casa, el hombre fuerza su entrada y aún así la pregunta es formulada, “¿te gustó?, ¿dejaste la ventana abierta con la esperanza de que alguien entrara?, ¿siempre duermes desnuda?, ¿tuviste un orgasmo?”. Su cuerpo está lastimado, ella está desgarrada y siente dolor, y aún así la pregunta persiste: ¿lo provocaste?, ¿te gustó?, ¿es lo que siempre quisiste y soñaste? Sigues diciendo que no. Trata de probar que no. ¿Esas heridas? A las mujeres les gusta que les den duro un poco. ¿Qué hiciste para incitarlo?, ¿cómo lo provocas?, ¿te gustó? Un novio o un esposo o un padre o incluso, a veces, una mujer amante, creerán que ellos habrían podido resistirse -de haber realmente querido resistirse. Seguramente ella realmente quería –sí es que sucedió.

¿Qué era lo que quería? Ella quería la fuerza, ser lastimada, el daño, el dolor, la humillación. ¿Porqué lo quería? Porque es mujer y las mujeres siempre lo provocan, siempre lo quieren, siempre les gusta. ¿Y cómo es que todos cuyas opiniones importan saben que las mujeres quieren ser forzadas y lastimadas y brutalizadas? La pornografía lo dice. Durante cientos de años los hombres han consumido pornografía en secreto -sí, los abogados y los legisladores y los médicos y los artistas y los escritores y los científicos y los teólogos y los filósofos. Y durante esos mismos cientos de años las mujeres no han consumido pornografía y las mujeres no han sido abogadas y legisladoras y médicas y artista y teólogas y filósofas.
Los hombres creen a la pornografía, en donde las mujeres siempre lo desean. Los hombres creen a la pornografía, en donde las mujeres resisten y dicen que no solo para que los hombres las fuercen y usen más y más fuerza y más y más brutalidad. Hasta el día de hoy, los hombres creen a la pornografía y los hombres no le creen a las mujeres que dicen no.
Algunas personas dicen que la pornografía es solo fantasía. ¿Qué parte es fantasía? Las mujeres son golpeadas y violadas y forzadas y azotadas y secuestradas. Los actos de violencia en la pornografía son actos cometidos en contra de mujeres reales y niñas reales. La fantasía es que las mujeres y niñas quieren ser abusadas.
Y entonces aquí estamos para explicar calmadamente -para alzar la voz, gritar, bramar, aullar- que las mujeres no lo quieren, ni hoy, ni mañana, ni ayer. Nunca lo vamos a querer y nunca lo hemos querido. La prostituta no quiere ser forzada y lastimada. La ama de casa no quiere ser forzada y lastimada. La lesbiana no quiere ser forzada y lastimada. La joven no quiere ser forzada y lastimada.
Y porque en todas partes en este país, diariamente, miles de mujeres y niñas están siendo brutalizadas -y esto no es una fantasía; cada día mujeres y niñas son violadas y golpeadas y forzadas- jamás aceptaremos otra vez cualquier descripción que se haga de nosotras cuyo primer principio, su primera premisa, sea que deseamos ser abusadas, que disfrutamos ser lastimadas, que nos gusta ser forzadas.
Por eso luchamos contra la pornografía donde sea que la encontramos; y lucharemos contra quienes la justifican y quienes la hacen y quienes la compran y la usan. Y no se equivoquen: este movimiento en contra de la pornografía es un movimiento en contra del silencio -el silencio de las víctimas reales. Y este movimiento en contra de la pornografía es un movimiento por la palabra -las palabras de aquellas que han sido silenciadas mediante fuerza sexual, las palabras de mujeres y niñas. Y nunca, nunca, nos silenciaran otra vez.

Extracto del libro Letters from a War Zone de Andrea Dworkin.

Traducción: Maldita Feminista Radical

La cultura de la violación, por Alda Facio Montejo


Leyendo varios documentos para un artículo que estamos escribiendo mi maravillosa asistente especial, Anya Victoria y yo sobre la tortura sexual contra mujeres, me llamó la atención que en varios documentos, antes de describir el fenómeno de la tortura sexual, se hablaba de que ésta se daba en una cultura que las y los autores llaman “rape culture” es decir, una cultura de la violación en la que no solo se tolera la violación sexual, sino que se promueve de muy distintas formas.

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Esta cultura se fundamenta en un conjunto de creencias que fomentan la agresión sexual masculina y apoyan la violencia contra las mujeres. En este tipo de culturas la violencia es entendida como sexy y la sexualidad como violenta. En una cultura de violación tanto hombres como mujeres asumen que la violencia sexual es un hecho de la vida, natural e inevitable. En esta tipo de culturas, las mujeres vivimos un continuo de violencias que van desde “piropos callejeros” pasando por comentarios sexuales, acoso u hostigamiento sexual en la calle, el trabajo o lugar de estudio, tocamientos sexuales, abusos sexuales y muchos más hasta llegar a la violación sexual en sí. Paradójicamente, uno de los elementos que conforman el delito de la violación sexual en todo el mundo es precisamente la falta de consentimiento de la víctima pero en las culturas de violación, que existen en todo el mundo, donde se tolera la violencia física, emocional y psicológica contra las mujeres como norma, este elemento del delito es generalmente dejado de lado.

Esta subcultura patriarcal que estoy llamando “cultura de la violación sexual” incluye bromas, canciones, telenovelas, publicidad, jerga legal, leyes, decisiones judiciales, palabras e imágenes que hacen que la violencia contra las mujeres y la coerción sexual parezcan tan normales que la gente cree que la violación es inevitable.

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En lugar de considerar la cultura de la violación como un problema que tenemos que solucionar, transformando esa cultura, las personas en una cultura de violación piensan que la violación es parte de la sexualidad masculina y por ende natural. Sin embargo, sabemos que muchas de las expresiones de valores, actitudes, prejuicios y estereotipos patriarcales que habían sido entendidos como inevitables, como por ejemplo que las mujeres podemos estudiar sin volvernos estériles, las hemos logrado cambiar.

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En varios de los documentos que hemos estudiado, me llamó sobremanera el descubrimiento que han hecho investigadoras/es diversas/os de que mientras la palabra ‘violador’ no apareciera en los cuestionarios que las y los investigadores utilizaron, los hombres se sentían cómodos respondiendo ‘sí’ a preguntas como: ‘¿Alguna vez ha tenido relaciones sexuales con una mujer adulta sin su consentimiento? o ¿Alguna vez amenazó con usar la fuerza física para lograr tener relaciones sexuales con una mujer? o ¿Ha tenido relaciones sexuales con una mujer que estaba demasiado ebria para saber qué estaba pasando? Y otras preguntas parecidas. El que estos hombres aceptaran que han cometido el delito de violación sin darse cuenta que eso era lo que estaban haciendo refuerza mi idea de que en una cultura de violación, los encuestados no saben que en esas preguntas estaba implícita una descripción del delito de violación sexual. Estos hombres que admitían haber tenido relaciones sexuales no consensuadas ni siquiera trataron de justificarse afirmando que se había producido un malentendido. Al contrario, sabían muy bien que sus víctimas no estaban dispuestas pero se creían con derecho a ejercer su sexualidad masculina sobre ellas.

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La ex actriz porno S.L. siendo violada de verdad en una escena no consensuada

Me parece que de estas respuestas podemos deducir que el problema con estos violadores es que viven en una cultura diseñada con muchísimo dinero por la industria del sexo que la fomenta en el cine, los chistes, la televisión, la pornografía, la glorificación de la prostitución y hasta por aquí en Facebook.

Alda Facio Montejo

Confesiones de uno de los actores porno más exitosos de la industria


Si un hombre, que es el que somete en el porno se siente así, imaginen como tienen que sentirse las mujeres que son las que reciben los golpes, los insultos, los abusos y las violaciones.
“Comencé en el porno debido a una gran crisis económica, necesitaba el dinero, llegué a pasar hambre, solo me quedaba una lata de judías en la despensa cuando hice la llamada”
“Veía y trataba a las mujeres como objetos, no sabía lo que era el amor, no sabía lo que era hacer el amor y pensé que ya nunca lo sabría. Yo sólo tenía sexo por dinero, yo era un prostituto. Ya no podía sentir”
“Iba a trabajar para poder tener el dinero que me permitirían pagar las drogas para poder soportar el trabajo”

La ex actriz porno Jessie Rogers expone los impactantes abusos de la Industria del Porno


La ex actriz porno Jessie Rogers expone los impactantes abusos de la Industria del Porno y nos cuenta su historia.

“Me captaron siendo menor. La pornografía no es fantasía, lo que les hacen a las chicas es real, el abuso es real. La pornografía es una tapadera para la prostitución”

​PORNOGRAFÍA: LA PROPAGANDA DEL PATRIARCADO


Por MICKEY Z.

Texto original: http://worldnewstrust.com/pornography-the-propaganda-of-patriarchy-mickey-z
Traducción: Olga Baselga

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“Radical significa simplemente ‘agarrar las cosas desde la raíz’”. (Angela Davis)

Cada rama del activismo parece convencida de que “su” cuestión es la más urgente de todas, pero ninguno –con alguna excepción– de estos activistas parece dispuesto o preparado para comprender la raíz de todos los problemas de la justicia social.

Desde la cultura corporativa hasta la cultura de la violación, pasando por la violencia doméstica y la ambiental, podemos encontrarnos con que todos los sistemas de opresión y explotación derivan de la Supremacía Masculina.

Llámenlo patriarcado, misoginia, sexismo, privilegio masculino, o pónganle cualquier otro nombre: en todos los casos se trata de violencia machista, omnipresente e implacable violencia masculina a micro- y macro-escala.

[Video: https://youtu.be/3exzMPT4nGI]

Las cifras son tan impactantes como reales. La violencia, que crece casi sin control desde los cimientos de la supremacía masculina, ha extendido sus tentáculos igual que la supremacía blanca y la de clase, y ahora nos lleva al borde del desastre.

Pero antes de que me inunden con Male Tears™, antes de que los gritos de “no todos los hombres” retumben de punta a punta de los mares, me gustaría presentar el eje central de este artículo: la pornografía. Es la nueva Educación Sexual y es donde el patriarcado nos alcanza más insidiosa y eficazmente.

Permítanme decirlo claro: este artículo no versa sobre las trabajadoras sexuales, la pornografía “ética” o el feminismo liberal. Este artículo se centra en que la supremacía masculina es la piedra angular de la cultura dominante y, por tanto, la fuente primaria de toda violencia y opresión. Se centra en las palabras de Sheila Jeffreys: “La pornografía educa al público masculino”.

“La pornografía es una maestra poderosa, tanto en materia de creencias como de conductas, y de hecho proporciona las condiciones ideales para el aprendizaje”, explica la Dra. Mary Anne Layden, Directora del Programa de Trauma Sexual y Psicopatología del Centro de Terapia Cognitiva. “Puede enseñar no sólo comportamientos sexuales específicos, sino actitudes generales hacia las mujeres y los niños, cómo son las relaciones y la naturaleza de la sexualidad”.

Layden continúa: “Aprendemos mejor cuando estamos excitad@s. Si algo activa nuestro sistema nervioso simpático, estamos mejor preparad@s para recordar la información recibida en ese momento. La excitación puede proceder de la emoción, la alegría, el miedo, el asco o la tensión sexual. Tendemos a recordar cualquier experiencia que tengamos en esos estados de excitación. Y el aprendizaje es mejor si se refuerza. El comportamiento recompensado es probable que se repita, mientras que si se castiga es menos probable que se repita. La excitación sexual y el orgasmo son experiencias muy gratificantes”.

Si se preguntan cómo podrían manifestarse estas “recompensas”, tenga en cuenta este estudio, donde se demuestra que la pornografía parece “inducir a sus espectadores a trivializar la violación”.

Permítame también decirlo claramente: no estoy aquí para descubrir la pólvora o hacer mansplaining. Para contextualizar más a fondo, lean a aquellos que han estudiado este problema pinchando en los múltiples hipervínculos de este artículo.

Y ya que están en ello, por favor, consideren también lo que dijeron feministas como:

·         Andrea Dworkin: “Cualquier violación del cuerpo de una mujer puede convertirse en sexo para los hombres; ésa es la verdad esencial de la pornografía”.

·         Sheila Jeffreys: “La pornografía como propaganda, según el análisis feminista, representa a las mujeres como objetos que adoran sufrir abusos, y enseña a los hombres cómo han de llevar a cabo la degradación y el abusosobre las mujeres”.

·         Gail Dines: “La industria del porno ha secuestrado la sexualidad de toda una cultura y está echando a perder a toda una generación de niños. Y si destrozas a una generación de chicos, destrozarás a una generación de chicas”.

Tal vez la única posibilidad que tengamos de atajar ese daño y generar el cambio social drástico que necesitamos sea reconocer y abordar la fuente: La Supremacía Masculina. Un paso trascendental en esa dirección sería abordar una de sus ramas más maliciosas: la pornografía.

¿Qué podemos hacer cada un@ de nosotr@s, además de cambios a nivel personal? Como Gail Dines explica en el siguiente video, la respuesta puede estar en lo que podríamos llamar contra-reclutamiento, es decir, educación anti-porno, enfocándola como cuestión de salud pública.

[Video: https://youtu.be/_YpHNImNsx8]

Una vez más, les ruego que por favor se tomen el tiempo de abrir los enlaces incluidos en este artículo (más arriba y más abajo) antes de sacar conclusiones.

Otros recursos (http://gaildines.com/resources/)

Más recursos (http://stoppornculture.org/resources-2/organizations/)

Documentales relacionados (http://www.antipornography.org/documentaries.html)

Denunciar la pornografía infantil (https://report.cybertip.org/index.htm)

Mickey Z. es autor de 12 libros, el más reciente: Occupy this Book: Mickey Z. on Activism. Hasta que cambien las leyes o se quede sin fuerzas, se le puede encontrar en la Web aquí y aquí. Cualquier persona que desee apoyar su labor activista puede hacer una donación aquí.

Texto original: “Pornography: The Propaganda of Patriarchy” by Mickey Z.